Papiroflexia

El nuevo racismo

16/11/2018

Hace unos días la Policía local de Santa Coloma de Gramenet, en Barcelona, detuvo a 15 jóvenes magrebíes por agredir sexualmente a una mujer y apuñalar a su acompañante cuando intentaba defenderla. Este acto deleznable ha desencadenado de nuevo una oleada de comentarios racistas en las redes sociales por el origen de los asaltantes. Nosotros, los profesionales de la comunicación, tenemos que hacer autocrítica con algunos titulares también. Enfatizar la procedencia de un delincuente para buscar mayor impacto solo estigmatiza y multiplica el odio. Pocos se quedan simplemente con el hecho, la mayoría escanea la nacionalidad de los jóvenes para acusar y generalizar con una violencia verbal que estremece. Aquí también tenemos ejemplos domésticos. No solo con agresiones o conflictos protagonizados por extranjeros en zonas turísticas, también con el drama de la llegada de pateras.

El problema es que se ha aceptado la idea de que «los inmigrantes tienden a delinquir más que el resto» como si de una verdad absoluta se tratase, relacionando a la inmigración con numerosos prejuicios. Tampoco se aceptan las costumbres del extranjero, las de los pobres claro, y se demoniza cualquier incidente protagonizado por un migrante. «Los moros vienen a violar a nuestras mujeres», fue uno de los comentarios más recurrentes tras el incidente de Barcelona. Pero hay otros clásicos que se repiten como mantras. «El gobierno les paga todo y los españoles, sin trabajo». «Si yo voy a su país tengo que respetar su cultura, que respeten ellos la nuestra cuando vienen». «Yo no soy racista, pero los inmigrantes nos están invadiendo». Estas son algunas de las expresiones más repetidas en las redes sociales, donde a diario aflora lo peor de nosotros.

«Pocos se quedan simplemente con el hecho, la mayoría escanea la nacionalidad del delincuente...»

Sin embargo, el odio no solo se concentra en Internet. Las redes visibilizan el problema, dan eco a un pensamiento que se contagia en la calle. Más en épocas de crisis, cuando hay que poner color al enemigo. El racismo en Internet, lejos del camuflaje cobarde de las redes sociales, es solo una pequeña muestra de nuestra sociedad. Empezando por nuestros representantes políticos.

Los partidos que difunden ese odio han crecido en los últimos años. Con Trump como máximo exponente. Además de los partidos políticos, hay asociaciones que también lo difunden y han tenido un protagonismo importante. La presencia del discurso del odio en el debate político y en la esfera pública actual se ha reforzado y expandido por medio de Internet, y ello ha conducido a que el discurso del odio al inmigrante se haya normalizado.