El rincón de Teto

El mensaje de Hawking

16/06/2018
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De entre todas las noticias que ayer me llamaron especialmente la atención, una, destacaba para mí sobre las demás con fluorescente amarillo y no era precisamente la del partido de España. Tras su fallecimiento, venía a destacar la agencia Efe a media tarde, Stephen Hawking descansa ya entre Newton y Darwin, mientras su voz viaja a las estrellas con un mensaje de paz y esperanza.

«Cualquier reto que se ponga por delante la Humanidad es abordable con estudio, análisis y resolución, siempre en equipo»

Las palabras de Hawking van acompañadas -aseguran- de un fondo musical compuesto por el músico griego Vangelis, conocido -entre otras- por ser el autor de la banda sonora de la famosa película Carros de fuego.

De verdad, me pareció tan bello que aún respiré algo de esperanza sobre la Humanidad y nuestro futuro común en sociedad. A la vez que me preguntaba, ¿y si «alguien» pudiera oírle? ¿Y si de verdad llegara algún día a algún receptor extraterrestre que pudiera entender y comprender su lenguaje y su mensaje? Desde luego, ya en vida sentó -aquí en la Tierra- las bases de la cosmología moderna y acercó al gran público, de manera didáctica y relativamente sencilla, el complejo mundo de los agujeros negros. Por lo que supongo que si hay algo de vida inteligente ahí fuera, esto le será sumamente asequible y comprensible. A la vez que le damos cumplimiento a uno de sus maravillosos deseos en vida: ir al espacio y explorar el Universo. ¡Redondo!

La lápida de Hawking lleva, además de su nombre, su ecuación más famosa que describe la entropía de un agujero negro.

Cualquier cosa, cualquier reto que se ponga por delante la Humanidad es asequible y abordable. Y el secreto estará precisamente en eso: en intentarlo siempre una y otra vez con empeño e ingenio. Estudio, análisis y resolución. Pero, sobre todo, en equipo, porque si precisamente ayer se contaba esto con todo lujo de detalles, se hacía hincapié también en lo bien rodeado que estuvo hasta su despedida. Ayer, en la Abadía de Westminster, al servicio religioso se sumaron también unas mil personas procedentes de más de cien países, y la demanda de entradas se desbordó (unas 25.000 dicen que hubo). Aquí, no hay otro capaz.