Cuentos Chinos

El agente José Antonio Pardines

08/05/2018

Fue a las 17.30 de la tarde del viernes 7 de junio de 1968 y todo ocurrió en la carretera Nacional 1 Madrid-Irún. Por esa vía circulaba un Seat 850 Coupé blanco con matrícula Z-73956 robado y en el que viajaban Txabi Echebarrieta e Iñaki Sarasketa, de 23 y 19 años respectivamente, dos jóvenes aparentemente inofensivos pero que marcarían un antes y un después en la historia sangrienta de España. Esos dos chicos iban camino a Beasáin para hacerse con un cargamento de explosivos para la entonces casi desconocida Euskadi Ta Askatasuna, una organización que había nacido diez años antes bajo el paraguas del nacionalismo radical y el marxismo.

Por aquel entonces, Euskadi Ta Askatasuna –conocida en los ambientes vascos más radicales por las siglas ETA, solo había asumido la autoría de varios atracos, palizas e incluso colocaron algunas bombas, pero sin ánimo de matar, solo para hacerse notar en la lucha por conseguir la independencia del País Vasco. Pero ese 7 de junio de 1968, a las 17.30 de la tarde sucedió un hecho que lo cambiaría todo. El Seat 850 fue detenido en un control rutinario por el agente gallego de la Guardia Civil de Tráfico, José Antonio Pardines Arcay, que estaba de servicio junto a su compañero Félix de Diego Martínez. Les dio el alto y los etarras obedecieron, les pidió el permiso de circulación y se lo dieron. Todo estaba transcurriendo con normalidad hasta que el agente se dio cuenta de que el vehículo era robado.

«España debe recordar que fue la primera víctima de la barbarie terrorista de la banda ETA»

Ese fue su final. Al comentarlo en voz alta, Txabi Echebarrieta sacó su Astra 600-43, una pistola que había sido diseñada por encargo de los nazis alemanes, y disparó al gallego bajo la clavícula. Al caer al suelo, mientras estaba tendido boca arriba y aún con su permiso de circulación en la mano, lo remató con cuatro balazos más. Fue el considerado como el primer asesinato perpetrado por la banda terrorista ETA, la primera de las 867 muertes que, según la Asociación de Víctimas del Terrorismo, protagonizaron estos criminales y que sumieron al país en el terror.

Ahora, quizás pocos se acuerden del nombre de José Antonio Pardines, pero no hay que olvidarlo porque España debe recordar que fue la primera víctima de la barbarie terrorista que ahora, 49 años, 11 meses y un día después, ya pertenece a nuestro pasado. ETA desapareció sin hacer apenas ruido, condicionada por el tiempo que ha pasado desde que el 20 de octubre de 2011 anunciara el fin de la lucha armada. Dijo adiós para siempre en el exilio, vencida por la democracia que les mostró que su lucha fue estúpida y solo dejó atrás sangre, dolor y muchas lágrimas.