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Rechazo frontal a la turismofobia

Editorial -

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 6 de abril 2024, 23:06

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La convocatoria por parte de diversos colectivos de manifestaciones en las islas el próximo día 20 en demanda de una limitación de la actividad turística ha generado la lógica preocupación entre empresarios y trabajadores del sector, que ponen en valor que el turismo lleva casi siete décadas siendo el motor de la economía de las islas y el progreso social del archipiélago no se puede entender sin esa actividad. Una preocupación que se acrecienta ante el riesgo de que Canarias se contagie de la turismofobia que ya ha prendido en Barcelona y Baleares, con el consiguiente daño a su imagen como destino vacacional.

Nadie discute el derecho a manifestarse de acuerdo con los cauces legales; lo que sí es cuestionable es articular un discurso que no se ajusta a la realidad y, sobre todo, dar por buenas consignas y conductas que faltan al respeto a los visitantes. El turista no es culpable de la falta de planificación, como tampoco lo es de las emergencias en materia energética, hídrica o habitacional que se han activado en el archipiélago en los últimos meses. Esas responsabilidades hay que situarlas en quienes han tenido y tienen las responsabilidades de gobierno en el Estado, la Comunidad Autónoma de Canarias, los cabildos y los 88 ayuntamientos. Y en 2023 la ciudadanía, con sus votos, fue la que examinó a quienes habían llevado las riendas del poder público y determinó la composición de los plenos de los que salieron quienes gobiernan a día de hoy. Así funciona la democracia y no está de más recordarlo ante ciertos discursos que tratan de contraponer el número de manifestantes con la legitimidad de las asambleas legislativas.

Si llegan 16 millones de visitantes al año es motivo de orgullo y consecuencia, sobre todo, de tres factores: hay poder de atracción como destino; contamos con conexiones aéreas y marítimas con capacidad para ello y, en tercer lugar, hay una planta alojativa que soporta ese volumen. No tenemos a turistas durmiendo debajo de un puente, de forma que sí caben esos 16 millones de turistas. Otra cosa es si en paralelo hay capacidad para atender los servicios que precisa esa flotación flotante, desde los residuos que generan hasta la alimentación, la movilidad interior y también disponer de la mano de obra precisa y con la cualificación necesaria. Ahí es donde hay carencias que resolver, como también es razonable plantearse -como ya está haciendo Gran Canaria- que es preferible no crecer sin límite en cantidad de turistas y sí hacerlo en visitantes con mayor capacidad de gasto. Pero mucho cuidado con demonizar a unos visitantes y un negocio que han sido determinantes para avanzar como sociedad. Canarias no puede y no debe renunciar a ser un destino líder. La turismofobia solo traerá pobreza.

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