Lunes en África

Ecosistemas

12/05/2019

El otro día se publicó uno de esos informes donde expertos de todo el mundo encienden las alarmas ante el deterioro que las humanas y los humanos provocan en el planeta Tierra con su disparatada forma de vida. Un millón de especies animales y vegetales van a desaparecer en las próximas décadas si las cosas siguen así, dicen los sabios. Imaginen lo que importa a la gente la opinión de los expertos.

En lo que afecta a la supervivencia los gobiernos del mundo se habían marcado unos objetivos que debía cumplirse en el periodo 2011-2020. Por supuesto, su cumplimiento se da por descartado. Nadie ha hecho los deberes; llegan con milongas, se conforman con dar por cumplidos pequeños porcentajes de las obligaciones anotadas. Llegada la hora del balance, no se ha cubierto entero un solo compromiso. En Europa, el 60% de los ciudadanos no sabe qué significa la palabra biodiversidad, aunque un 70% entiende que cuidar el medio ambiente servirá para frenar el cambio climático. Los más provechoso de esta década perdida es ese movimiento juvenil que levanta los adoquines por donde pasean las generaciones distraídas. Luego vienen las prisas, como esos pintores de carriles bici que ven más rentable la improvisación que la educación.

En Canarias, la economía sostenible tropieza con los rentistas acostumbrados a ganancias sin esfuerzo ni retorno social. Las elecciones a fin de mes tienen que resolver algunas incógnitas climáticas que tocan tierra. El Hierro, por ejemplo, se juega la protección de la fauna marina, un debate vivo en la isla pero lejano en el resto del Archipiélago. El mar no es sólo ese charco donde se bañan los turistas antes de echarse la cervecita. El agua escasa y olvidada no puede regatearse a los agricultores. Con el aire turbio nadie respira.