Ultramar

Déjense de jugar

29/12/2018

En el trance final hacia un nuevo año, envueltos en el espíritu festivo de las fechas, los días aconsejan cantos al optimismo. Bueno es. Por tanto, arranquemos, por pedir que no sea, deseando que sean felices y que todo lo que venga sea bonito. Bien es cierto, sin embargo, que los comportamientos de los que se dicen líderes en un mundo, el de ahora, caracterizado por la ausencia de liderazgos, nos obligan a realizar un sobreesfuerzo casi inhumano para ser fieles al ánimo festero. Otro tanto ocurre con los episodios que se suceden, hasta el extremo de que ya no son pocos los analistas que destacan las muchas semejanzas que hay entre el hoy y el periodo de entreguerras. Ahí es nada.

«2019, una oportunidad para demostrar que la política democrática es pacto y busca la felicidad de todos, no de algunos»

Y con esas, esos líderes mediocres que pululan por el escenario, lejos de empeñarse en garantizar un porvenir de paz se esmeran en emponzoñar todo. Como certeramente recogiera El Roto en una de sus recientes viñetas, han enterrado el buenismo y dado paso al malismo. Y estamos in crescendo. Como si de un juego se tratara.

Así, a vuela pluma, nos encontramos con una cumbre sobre el cambio climático que a nada llega; o sí, que la lucha contra éste han de pagarla, también en esto, los pobres, porque fuman y conducen coches diesel. Otra cumbre sobre la migración segura, que, incluso, sin ser vinculante consigue que la apoyen EE UU, Austria, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Bulgaria, Austria, Italia, Suiza y rompe el Gobierno belga.

Entretanto repuntan los desahucios por alquileres impagados, se vulnera el secreto profesional de los periodistas, un derecho y un deber, por cierto, reconocido por esa Constitución española con la que tanto se llenan la boca. Rusia y Ucrania siguen con su calentamiento total, en Siria y Afganistán las tropas norteamericanas, por mandato de Trump, que no de sus generales, dicen «hasta luego Lucas» y truenan los tambores de guerra comercial entre americanos y chinos,

Sigue el brexit de nunca acabar y los chalecos amarillos, transversales, sin liderazgos, sorprenden a la Francia establecida y obliga al presunto mirlo blanco Emmanuel Macron a atender gran parte de sus demandas. En Cataluña, los Mossos, los CDR, los dialogantes y los «a por ellos», instrumentalizando los sentimientos y olvidando la razón, de ahí que, como consecuencia de la creciente desconfianza en el sistema, crezcan los que votan a un partido que creen que representa mejor su hartazgo aunque no ofrezca ninguna solución a los problemas que les enervan. Pero, qué más da. Trátase de institucionalizar el mamporrerismo, hacer oídos sordos al hecho de que la política democrática es pacto.

2019 es una magnífica oportunidad para comprobar si de verdad atienden al mandato democrático, más aún cuando todo indica que, enterrado el bipartidismo, se instala el pentapartidismo y, además, ver si son fieles a la máxima de que la razón política es intentar hacer felices a todos, no solo a unos pocos.