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De la mariconez de Mecano a la Bego

De la mariconez de Mecano a la Bego

«Mariconez tiene un contexto, la forma de hablar de una época y una intención que no atentan contra la homosexualidad»

Gaumet Florido

Jueves, 1 de enero 1970

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Gaumet Florido

No es la primera vez que uso este espacio para criticar esta fiebre, tan de hoy en día, y a mi juicio, tan artificial, de velar por lo políticamente correcto, sobre todo en el lenguaje. Por eso estos días me volvieron a llevar los demonios cuando saltó esa polémica, un tanto pueril, a cuenta de la negativa de una concursante de Operación Triunfo a decir mariconez, palabra que forma parte de la letra de la canción de Mecano Quédate en Madrid, un tema de 1988. Le parece un taco inadmisible porque lo considera homófobo. En fin, que la chiquilla reaccionara así no me parece mal. Veo saludable ese espíritu crítico contra todo lo que atente contra sus valores, entre los que, dada su reacción, figura la defensa de la diversidad sexual. Y eso lo aplaudo. Lo que no veo de recibo es la que se lió después, fuera de esa academia.

Esa concursante es joven. No conocía la canción, pero es probable que tampoco tuviera claro qué fue Mecano ni su papel en la música española de los 80. El problema es que la mayor parte de los que aprovecharon la coyuntura para sacar las cosas de quicio sí lo saben. ¿Mecano homófobo? ¿El Mecano que visibilizó en una canción el amor entre lesbianas, homófobo? Esa palabra, mariconez, tiene un contexto, la forma de hablar de una época, y sobre todo, una intención que para nada pretende atentar contra la homosexualidad. Exagero, pero estamos a un paso de copiar al papa Pío IV y mandar a tapar los cuerpos desnudos, casi todos femeninos, que cuelgan en el Museo del Prado porque cosifican a la mujer. Insisto, hay que ver el contexto.

Ahora bien, sí hago una confesión. Ya he dicho que no me va esta obsesión por el lenguaje y he mostrado mi escepticismo respecto al empeño de hacerlo más inclusivo, de que refleje a la mujer, que hasta ahora dice no sentirse representada. Pero si no fuera por este debate, antes no me habría dado cuenta de la carga despectiva con la que muchos trataron días atrás a Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, cuando afirmaban a cuenta del fallo de protocolo el día de la Hispanidad: el señor Sánchez y Bego intentaron asaltar la Corona. A ella la nombran con diminutivo y sin apellido, como si valiera menos. En este caso, ya ven, sí hay intención de menosprecio.

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