Cuentos Chinos

Cuánto ignorante suelto...

03/04/2020

En las situaciones extremas, cuando se tuerce todo y se llega al límite, es cuando se muestra el lado real de los seres humanos, sus virtudes y sobre todo, sus defectos –que todos tenemos–, es ahí cuando las arrugas se muestran sin maquillaje. En esta crisis por la pandemia del coronavirus, los más expuestos a la opinión pública están siendo los dirigentes: desde los mandamases de organismos como la OMS, presidentes de estados y demás instituciones de todo tipo, de organizaciones públicas y privadas, federaciones o cualquier cargo de relevancia responsable de la toma de decisiones o de transmitir un necesario mensaje coherente a la sociedad.

«Ojalá esto sirva para la reflexión y que más de uno agache la cabeza por vergüenza»

Sin caer en populismos y en el tan recurrente ejercicio de criticar a posteriori sobre decisiones tomadas antes del problema, hay muchos personajes que han quedado retratados en este último mes. Recuerdo cuando nuestros políticos insistían en dejar claro que no había ningún tipo de problema en celebrar manifestaciones, eventos multitudinarios, mítines y demás familia y fuente de contagios masivos, cuando al mismo tiempo, China estaba cerrada a cal y canto y contaba sus afectados por miles. «Eso es en Asia, nos queda lejos», decían algunos o «es como una gripe sin más», se aventuraban a comentar otros tantos, no queriendo hacer caso al ejemplo cercano de nuestro vecino italiano que iba cayendo en un caos absoluto.

Con el paso de las semanas y ya con una conciencia real del cataclismo en el que nos encontramos, sigo escuchando estupefacto como, por poner un ejemplo, los dirigentes de nuestro fútbol se aventuran a poner posibles fechas para el regreso de las competiciones. Todo ello mientras se superan los 10.000 fallecidos en nuestro país y ni los mejores investigadores del planeta son capaces de aventurarse a hablar de plazos para vacunas o tratamientos. Pero ellos parece que son más listos que nadie y siguen a lo suyo para asegurarse millones de euros a costa de poner vidas en juego.

Otros que siguen haciendo méritos para ingresar en el salón de la fama de los ilustres ignorantes, como diría Javier Cansado, pueden ser el bufón Donald Trump o el cortito de Quim Torra. El primero de ellos no se corta al decir que no todos los estados de su país son iguales y en algunos se puede aún circular sin problema eludiendo el confinamiento, olvidando que en su país tiene casi 5.000 fallecidos. Mientras, el presidente de la Generalitat tuvo que admitir la ayuda del Ejército español tras contabilizar más de 360 muertes en las residencias catalanas. Esas tropas con la bandera que tanto detesta y que acuden al auxilio de sus ciudadanos. Qué paradoja... Ojalá esto sirva para la reflexión y que más de uno agache la cabeza por vergüenza.