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Macarena Olona, en sus tiempos como diputada de Vox en el Congreso. Europa Press
¿Cuántas Olona habrá?

¿Cuántas Olona habrá?

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Gaumet Florido

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 21 de febrero 2023, 23:18

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No sé cuántos habrá como yo que se pregunten cuál de las dos Macarena Olona que conocemos, la que estaba en Vox o la que está fuera, es la verdadera. Si es la que escupía odio en mítines y en el Congreso o bien esa que ahora publica tuits con algo más de humanidad hacia las minorías y que muestra su cara más vulnerable ante Jordi Évole.

Me pregunto eso cómo también me he cuestionado cuál de los dos Pedro Sánchez es el verdadero, el que no pactaría con Bildu o el que pactó, el que no dormiría tranquilo gobernando con Pablo Iglesias o el que firmó con el líder de Podemos el primer gobierno central de coalición en la democracia.

O, sin ir más lejos, cuál es el Pablo Iglesias real, el que vivía en un piso de Vallecas porque no quería parecerse a la casta o el que se compró un chalet en Galapagar. O quién es Feijóo, el que allá en Galicia parecía un antídoto a Ayuso o el que se pliega ahora a sus extremismos.

Lo único bueno de estas dudas, al menos en mi caso, es que me permiten una lectura desapasionada de la política de este país. ¿Por qué? Porque en el fondo no me creo ninguna de esas dos caras, porque he aprendido que en la política hay una parte de teatro y porque tengo claro que los partidos políticos no son equipos de fútbol, aunque aspiren a serlo. La democracia necesita votantes, no hooligans.

Por esta misma razón creo que virajes como el de Olona pueden contribuir a que la gente, aunque sea por la vía de la decepción, tome conciencia de que la política no es más que un escenario en el que se confrontan ideas y que no debemos caer en la trampa de los que te llevan a odiar al que no piensa como tú. El mando de la tele lo tenemos nosotros. Es nuestro voto. Ellos solo son actores. El pueblo escribe el guion.

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