Lunes en África

Cremita en las cicatrices

14/05/2018

Los revolcones que auguran las encuestas a los grandes partidos estatales generan convulsiones en el fragmentado mapa de los nacionalismos regionales. Canarias, lo primero.

Con esa vitola de genuinos representantes del acervo archipielágico circulan estos días diversos mensajes entre los próceres del canarismo gobernante, a un lado y otro del Atlántico Medio. Los hay dispuestos a echar pelillos a la mar con tal de aprovechar la corriente, y otros hacen cálculos basados en el aprovechamiento de la tela que permitirá mover el barco nacionalista a velocidad de crucero. Cuanta más tela, mejor. También están los dispuestos a dar impulso a la nave con dos velas, de distinto color si hiciera falta, o tres, si hasta José Miguel Bravo de Laguna se ofreciese a timonear en turnos rotatorios debidamente marcados en el oportuno pacto.

Las fiebres electorales provocan en los partidos severos problemas cervicales, que impiden echar la vista atrás para medir, más que los aciertos, el alcance de sus errores. Coalición Canaria, en el cuarto de siglo que acumula al mando de la nave, aglutinó primero y rompió después las distintas sensibilidades de las siete estrellas verdes. Más que cimentar herencia o acervo, se limitó a disfrutar del usufructo con la avaricia propia de quienes creen que por ser menos, se gana más. Esa es la esencia del insularismo, incapaz de superar la barrera del paisaje propio para ver más allá del mar y la montaña. Eso no lo arregla el presupuesto del Estado, cremita con la que ahora quieren curarse las cicatrices.

Canarias, es hoy un proyecto común inexistente. Los índices de pobreza sin consuelo, el sostenido crecimiento económico sin alegrías, la ausencia de sensibilidad hacia los humildes. Más ricos y más débiles. No tienen perdón.