Ultramar

Contra todo esto

05/05/2018

Hace bien poco Manuel Rivas publicó «un manifiesto rebelde» lo llama él, titulado Contra todo esto, en el que pueden leerse pasajes que parecen escritos, aunque se hicieron antes, para dar respuesta a cuanto está sucediendo tras la sentencia del llamado caso de La Manada, que, a la vista queda, no es mas que un espejo de demasiadas miserias que arrastra este país.

«La abolida Educación para la Ciudadanía educaba para afrontar la violencia de género»

Dice el escritor y pensador gallego que el primer paso para detectar una injusticia es que comparezca el sentido de la vergüenza, porque es la que va a hacerla visible como injusticia. Vista la dichosa sentencia, con voto particular incluido, parece evidente que, al margen de la ola de enfado desatada, han quedado al descubierto muchas vergüenzas de este sistema nuestro, claramente determinado por un sinfín de prejuicios. Y ya se sabe, como dijera Albert Einstein, que es más difícil deshacer un prejuicio que descomponer un átomo.

En consecuencia, también nos dice Manuel Rivas, enfadarse es un magnífico derecho democrático. «Pero me enfada que los políticos busquen mi enfado. Me molesta e inquieta que los políticos fomenten el enfado y lo exploten luego como una propiedad particular» Y ahí se refleja, por citar un ejemplo, nada más y nada menos, no el ministro de Sanidad o de Asuntos Exteriores, sino el mismísimo ministro de Justicia, Rafael Catalá, que, a la vista del enfado generalizado, no ha tenido empacho alguno en aventarlo aún más, asegurando que el magistrado que emitió el voto particular, en el que pedía la absolución de los acusados, «tiene algún problema singular», sin concretar cuál, que, además, era de todos conocido.

Viniendo de quien vienen, tachar de desvergonzadas y oportunistas tales manifestaciones parece, cuando menos, razonable; porque lo mínimo es preguntar si, conocido como era por todos el «problema singular», no había que haber forzado una actuación preventiva, visto que el ministro insinúa que hay razones para invalidar al magistrado en cuestión.

Habrá que recordarle a Catalá, como refiere en una de sus páginas Rivas, la frase que pronunciara el senador demócrata norteamericano Gene McCarthy en el convulso año de 1968: «Una vez provocado el enfado hay que volver a tranquilizar a la gente. Eso no es fácil». Así pues, cuidado con dar pábulo a la histeria o dejarse llevar por los instintos, que por definición nos abocan a juzgar y castigar al primer vistazo sin dar pie al análisis sosegado.

Por cierto, todos cuantos han comparecido estos días para sumarse al estupor, la indignación y la vergüenza que han recorrido todo el país tras la sentencia contra La Manada, que en palabras de la propia ONU subestima la gravedad de la violación, han coincidido en asegurar que solo con educación pueden cambiarse los prejuicios que tantos nos condicionan, jueces incluidos. A muchos de esos que se han apurado a pretender capitalizar en beneficio particular el enfado, habría que decirles, vuelvo al libro de Manuel Rivas, que hace no tanto ellos mismos justificaron la eliminación en la enseñanza de la única asignatura en que se trataba la violencia de género y se educaba para afrontarla: la Educación para la Ciudadanía.