Jaula y arco iris

Contra la jaula, con el arco iris

14/04/2019

Varias personas me han preguntado en las últimas semanas por el nombre de esta columna periodística, Jaula y arco iris, el que he utilizado en mis distintas etapas en este periódico, desde que comencé a trabajar en él, a finales del verano de 1987. Tiene su pequeña historia. Su origen se remonta a un programa radiofónico de principios de los ochenta del pasado siglo, San Borondón, en el que participé algunos años. En una primera fase, vía telefónica desde casa, por invitación de Juan Luis Calero, que lo presentó en sus inicios. Luego copresentando el programa en los estudios de la calle Primero de Mayo, en la capital grancanaria.

«Contra las jaulas que restringen los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. Contra las que se olvidan de las circunstancias que padecen las personas más desfavorecidas»

San Borondón se producía desde las sedes de Radio Cadena Española en Santa Cruz de Tenerife y en Las Palmas de Gran Canaria, impulsado y dirigido por la gente del Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC), con la participación, entre otros, de César Rodríguez Placeres, máximo responsable del CCPC y del programa, y de la escritora Maribel Lacave.

El Centro de la Cultura Popular Canaria se convirtió en un auténtico pionero en la publicación de libros y discos de temática canaria, así como de la organización de conciertos en las Islas de gente tan relevante como José Antonio Labordeta, Raimon, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, María del Mar Bonet, Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Liuba María Hevia, Carlos Varela, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Paco Ibáñez, Ana Belén, Víctor Manuel, Oskorri o Milladoiro. Un pequeño, pero muy dinámico y entusiasta equipo fue capaz de afrontar semejantes retos.

Y, sobre todo, el Centro fue un convencido impulsor de la identidad canaria en todos sus ámbitos, en momento en que todo era un erial y todo estaba por hacer. Dando a conocer o actuando como agente de numerosos artistas y grupos isleños, entre ellos el Taller Canario de la Canción (Pedro Guerra, Andrés Molina, Rogelio Botanz y, en un corto período, en sus inicios, Marisa Delgado), a mi juicio insuficientemente reconocido y valorado.

Lezcano y millares

En sus reuniones, que si no recuerdo mal se celebraban en sus sedes los domingos por la mañana, participaban habitualmente Pedro Lezcano, Agustín Millares Sall, los dos años más tarde galardonados con el premio Canarias de Literatura, o el recientemente fallecido Paco Tarajano.

El Centro de la Cultura Popular Canaria contribuyó, sin duda, a que los canarios y canarias nos conociéramos un poco más, valoráramos a nuestros escritores y cantantes y tuviéramos más curiosidad hacia la cultura que se generaba en el Archipiélago. Sustituyendo, en buena medida, una labor que le correspondía a las instituciones, cuando la autonomía se estaba aun construyendo.

Una vez a la semana mantuve en el programa (cuya sintonía era un hermoso tema de Los Sabandeños: La Leyenda de San Borondón, una grabación del año 1980) una especie de columna radiofónica de unos dos o tres minutos de duración, bajo el nombre de Jaula y arco iris. En la que se analizaban asuntos de la actualidad de entonces.

Desde los problemas de abastecimiento de agua que padecían nuestras ciudades al debate universitario con las movilizaciones a favor de la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y también las de rechazo, pasando por la defensa del espacio natural de Veneguera, en Gran Canaria, frente a los intentos de especulación en una de las pocas zonas de nuestra costa sin urbanizar. O tratando de profundizar en hechos puntuales, como la enorme bronca que se produjo en el concierto del jamaicano Eddy Grant en la grada curva del Estadio Insular en julio de 1983 y que se saldó con varios heridos, la suspensión de la actuación y el refugio de Grant en los vestuarios hasta que el recinto fue desalojado.

También abordando asuntos vinculados con la igualdad entre mujeres y hombres, cuando el incipiente movimiento feminista canario comenzaba a influir sobre una sociedad profundamente machista, o los primeros pasos de la autonomía en las Islas a la que se accedió por la vía del 143 de la Constitución, insuficiente y sin que el pueblo canario pudiera pronunciarse sobre la misma. Asuntos varios en un momento de cambio, de democracia, de autogobierno.

Tamaño del español

Antes de empezar mi breve intervención, la voz de una de las compañeras del entrañable equipo del programa decía lo siguiente: «Jaula y arco iris. Porque una jaula, aunque sea del tamaño del espacio, sigue siendo una jaula». Una frase, en reivindicación de la libertad, de la que no recuerdo su autor o autora ni de donde la pudimos extraer. Pero que, sin duda, representaba bien el espíritu de aquel micro espacio radiofónico que se oponía a cualquier tipo de totalitarismo, a cualquier violación de los derechos humanos.

Han pasado ya más de treinta y cinco años. Y sigo reivindicando el arco iris y peleándome con las jaulas. Contra las que impiden la formación adecuada de nuestra gente y que se eleve el nivel cultural de esta tierra. Contra las que limitan la libertad de expresión y se convierten en servidores de los poderes económicos y políticos. Contra las que contaminan el medioambiente, depredan espacios públicos y pretenden que el asfalto predomine en el paisaje y que el coche reciba un trato privilegiado frente al peatón o el ciclista.

Contra las jaulas que restringen los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. Contra las que se olvidan de las circunstancias que padecen las personas más desfavorecidas, que en nuestra tierra son muchas. Contra las que marginan a las personas mayores o impiden la emancipación de nuestros jóvenes. Contra las que quieren imponernos el más feroz de los centralismos. Contra las que pretenden hacernos regresar a un pasado autoritario, sin derechos ni libertades, sin justicia y sin la menor equidad.

Frente a las jaulas liberticidas que nos amenazan en esta segunda década del siglo XXI -pequeñas, medianas o grandes-, continúo defendiendo la expresión multicolor de un mundo plural, abierto, mestizo, feminista, solidario, ecologista, inclusivo, empático, acogedor y construido a la medida de los seres humanos, no de las cosas. Frente a las jaulas, sin duda, los arco iris.