El consejo de don Vito Corleone

Emilio González Déniz
EMILIO GONZÁLEZ DÉNIZ

Me temo que el Debate sobre el Estado de la Nación que se celebra en estos días (el primero en siete años) va ayudar muy poco a clarificar la cabecita de los españoles, que no acaba de entender qué está pasando, y a la vez teme por lo que pueda suceder en los próximos meses. Este evento, que suele tener gran calado político en las democracias serias, imagino que convertirá en el chalaneo de siempre: insultos, descalificaciones y chapoteo en el barrizal a pesar de la canícula que nos quema. No soy adivino, pero si seguimos la trayectoria de Sus Señorías en los últimos años, será eso, un griterío tabernario sin sentido. ¿De quién es la culpa? De la totalidad del Parlamento, de las fuerzas mediáticas y eso otro que antaño llamaban poderes fácticos, que alimentan la fanfarria para que nadie se aclare. Ojalá me equivoque y quienes son depositarios de la soberanía popular se decidan a actuar pensando en el interés general. Pudiera ser, me han dicho que a veces los burros vuelan.

La situación es ideal para que exhiban sus capacidades políticas las instituciones del Estado y quienes las conforman, y la sociedad civil mire por el bienestar general y no se dedique a apilar millones en un mismo montón, el suyo. La cosa no puede tener más variedad:

Hay una pandemia que, ola tras ola, nos lleva dando la murga durante los últimos dos años y medio, y que ahora, aunque haya muertes, ingresos y contagios, se ha dado por acabada de facto. Se acercan elecciones y no es plan de fastidiar votos tomando alguna medida, y si hay que tomarla, que lo haga otro y se lleve la bronca ciudadana y electoral.

Esta pandemia ha generado un desastre económico porque gran parte de la economía española y mucho más la canaria dependen del turismo. Decían que hay que diversificar el riesgo y abrirse a nuevas formas de economía, pero yo lo único que veo son medidas (o la ausencia de ellas) que van encaminadas a seguir engordando el mismo montón.

Por si fuera poco, a Putin se le ha ocurrido invadir Ucrania, porque, por supuesto, La OTAN ha tratado de evitarlo, porque son los buenos, y se reúnen en España para ampliarla, rearmarla y seguir el juego al que manda en este equipo de envite; o sea, el presidente de Estados Unidos, da igual el color, el partido o las simpatías o antipatías que arrastre.

Ya metidos en una guerra económica (esperemos que no vayan más lejos), entre una cosa y otra, sube la energía porque Rusia controla buena parte de la que consume Europa y se produce una reacción en cadena, una inflación galopante, suben los precios, y con ello los márgenes de quienes mueven el mercado porque sus porcentajes van a misa, ganan dinero a espuertas, se recauda más en impuestos y sin embargo los salarios son insuficientes (por ser suave) y el coste de los productores agrícolas y ganaderos los lleva a la ruina, mientras el consumidor paga muchísimo más y no se sabe en qué escalón del mercado se queda toda esa subida (bueno sí se sabe).

Para convertirse en un as del buen gobierno que ponga a cada uno en su sitio hay que ser inteligente, generoso, valiente y dedicarse a proteger a la mayoría. Pero claro, para eso hay que gobernar, y en España los viejos caciques rurales del siglo XIX ahora son los consejos de administración de las grandes corporaciones, que controlan la energía, la alimentación y la sociedad en su conjunto, porque la sanidad, los servicios sociales y la educación van camino de ser privados; son ellos quienes en realidad mandan, y si no comparen las posiciones del mismo partido, el que sea, cuando está en el gobierno o cuando ocupa la oposición.

Pero nada, no quieren lucirse, van a seguir mareando la misma perdiz, y todavía nadie ha informado al país sobre los detalles de la viruela del mono, que sigue sumando, pero se diluirá en cuanto se dé la orden. Si alguien muere por ello, tampoco hay que alarmarse, los muertos son solo estadísticas. Por si fuera poco, quieren imponernos un orden personal que priva de la felicidad a muchas personas, y un ejemplo de cómo tratan de hacer retroceder los avances es el rosario de pegas con que se ha encontrado la organización del Orgullo LGTBI el pasado fin de semana en Madrid. Entre todos la mataron y ella sola se murió. La política está maniatada por los poderes económicos y financieros, y si no empezamos a hacer valer los derechos adquiridos con años de lucha de millones de personas, ellos conseguirán su propósito. Así que, si esto cambia en el debate del Estado de la Nación, tal vez empiece a creer en milagros. Parafraseando el Consejo de don Vito Corleone a Michael, su hijo y heredero del rango de Padrino: «quien diga que la lucha de clases es cosa del pasado, ya sabemos a qué amo sirve».