Coleccionar coprolitos

La pandemia también trae buenas nuevas. 'El coleccionista de cropolitos', una de ellas

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Si esto fuera un artículo sobre la realidad política que estamos viviendo podríamos apuntarnos a ser más escatológicos y dar por seguro que tendríamos fácil hacernos con una colección digna de figurar en el libro Guinnes, toda vez que los comportamientos de nuestros políticos, que por ser frescos no llegan a la categoría de coprolitos, excrementos fósiles, van de cagada en cagada, en un suma y sigue que cada semana se supera, pese a que la situación pandémica exigiría, con las diferencias razonables aparte, la construcción de un espacio común que ayude a sobrellevar este tiempo de zozobra.

Sin embargo, a pesar de ello y con todo, la pandemia también trae buenas nuevas y aportes refrescantes que ayudan a sobrellevar la angustia e incertidumbre que nos acogota. De eso va, pues, este artículo, que no es otra cosa que recomendar un recientísimo libro de Rubén Naranjo, titulado 'El coleccionista de coprolitos', editado por Punto Rojo y ya en las librerías.

Trátase de una novela negra de humor o de humor negro, como subtitula el autor que se estrena en el arte narrativo tras una vida dedicada a la investigación. Y lo hace con una desternillante obra, que regala bienestar y conocimiento.

Derrocha humor, ironía, sarcasmo, socarronería, ingenio, en una parodia, que no pocas veces se convierte en un esperpéntico canto escatológico, en la que se suceden los guiños a la historia, la literatura, la música, el cine, el habla canaria, a modo y manera de un Eduardo Mendoza insular, porque, no en vano, 'El coleccionista de coprolitos' es también un retrato del isleño y un paseo por los encantos y desmanes de la isla hermosa, en el que se suman las críticas mordaces a diestro y siniestro, siempre regalando ingenio.

Es también un recorrido por la historia nuestra y sus páginas dejan constancia del ímprobo trabajo de hemeroteca realizado para culminar esta obra, que tiene un aire enciclopedista, nada pedante y sí muy sugerente, visto el cúmulo de saberes que atesora y desgrana.

Les animo, porque anima, a la lectura de este libro y a seguir los devaneos de Teo Álvarez, ese 'probo' funcionario de la administración pública canaria, «valga el oxímoron», empeñado en desentrañar antiguos casos criminales ya olvidados, mientras cuida su preciada colección de coprolitos, estos sí valiosos, y decidido a labrarse un lugar, vía trilogía, en la amplia lista de detectives e investigadores del crimen en estas ínsulas.