Clavijo y Gran Canaria

CC tendría que haber celebrado su congreso ya. La pandemia lo ha impedido. Pero lo suyo es que se produzca en el primer semestre de 2021

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

El gran reto del Pacto de las Flores no es solo hacerlo correctamente y cumplir con las expectativas, que también, sino alargar un mandato más. Que una legislatura se convierta, en realidad, en un ciclo político: casar dos, sumar ocho años. Que en Canarias ocurra lo que en Cataluña con el tripartito de izquierdas liderado, primero, por Pasqual Maragall (2003-2006) y, segundo, por José Montilla (2006-2010). Para empezar, requerirá que Ángel Víctor Torres mantenga siempre un perfil como el de Maragall y no uno escorado al PSOE mesetario y jacobino. Ahora bien, el punto de inflexión (porque las urnas mandan) es 2023. Y aunque determinar el futuro es imposible, sí se puede atisbar tendencias y claves en el camino que permiten dibujar el escenario político de aquí a entonces. Eso sí, con los elementos cualitativos y demoscópicos que manejamos a día de hoy.

CC tendría que haber celebrado su congreso ya. La pandemia lo ha impedido. Pero lo suyo es que se produzca en el primer semestre de 2021. Fernando Clavijo tiene la tarea despejada a nivel interno y lo previsible es que Ana Oramas sea la candidata a la Presidencia en 2023. El tándem asevera a Clavijo la victoria en el cónclave. Yendo de la mano, Fuerteventura y Lanzarote no tienen margen de maniobra en la cita congresual.

Telde y Santa Lucía de Tirajana fueron enclaves fundamentales para interiorizar las dinámicas políticas en 2019. Recordemos: sustentadas en el ataque de tierra quemada perpetrado por el PSOE contra Nueva Canarias que devino en entendimientos de última hora o sobrevenidos entre la izquierda nacionalista y CC. Y ambos ayuntamientos recobrarán protagonismo en 2021. En función de si el traslado de la vara de mando en Telde (verano de 2021) y en Santa Lucía de Tirajana (otoño de 2021) es pacífico o abrupto, podremos ir delimitando el horizonte en 2023. Acuerdos que fueron suscritos cuando aún Clavijo estaba investigado por el caso Grúas (hoy algunos se arrepentirán de haberle facilitado en el Parlamento la 'zerolada' de ir al Senado para aforarse) y su continuidad estaba más que puesta en duda. En el presente ya no solo no es así sino que Clavijo tendrá, de hacerse con las riendas de CC, que ir preparando la campaña electoral (a buen seguro, liderada por Oramas) que precisa regir baluartes en Gran Canaria. Por eso concurren dudas de hasta qué punto la entrega del bastón de mando en Telde y Santa Lucía de Tirajana sea como está prevista pues luego lo tendrán difícil los jefes locales que fueron aupados a la alcaldía fruto, en definitiva, de auténticas carambolas imprevistas.

En estos frentes tendrá Clavijo la ocasión de incordiar a Nueva Canarias y, por ende, desestabilizar el Pacto de las Flores contando con la complicidad (expresa o tácita) de una parte del PSOE. Lo suyo, de confirmarse el potencial rebumbio, sería que el PSOE aprovechase la oportunidad para cerrar filas con Nueva Canarias y garantizar el cambio de darse una hipotética quiebra de lo acordado con CC y así, de paso, resarcir las heridas causadas. Para Nueva Canarias será la prueba del algodón que le advertirá qué 2023 le aguarda en materia de pactos. Otra cuestión, por supuesto, es si la aritmética parlamentaria de los cuatros partidos que conforman el Pacto de las Flores agrupará 36 escaños. Pero el descenso presentido de Podemos puede ser amortiguado por un ligero aumento del PSOE, dependerá del ritmo e intensidad de la crisis. Clavijo, y otros, querrán que el único Gobierno posible en 2023 sea el de PSOE y CC o, rebuscando, el de CC, PP y Nueva Canarias. Telde y Santa Lucía de Tirajana arrojarán luz y jalonan lo que resta de trayectoria.