Clavijo, el hombre de paja

Manuel Mederos
MANUEL MEDEROS

«Este nuevo escenario para Clavijo es un agujero negro. Se lo pueden merendar los tribunales en el día a día de la maquinaria judicial y se la pueden clavar los suyos, conscientes de que es un hombre de paja, que está de paso y se ha querido perpetuar y pasar de sus escasas condiciones para el liderazgo»

No creo que Fernando Clavijo haga historia en Canarias. Sostener el aparato de prebendas en el que se ha convertido el Gobierno de Canarias, mejorar el sistema de reparto clientelar del dinero y hacer política de navajeo, aliñada con algunas mentiras gascinerosas, no es la carta de presentación de un gran político, de alguien que quiere dejar huella en la sociedad, cambiar las estructuras, renovar la democracia y crear un sistema de reparto justo y equilibrado. Clavijo es más de lo mismo, tanto, que hasta tiene su propio proceso judicial, ese que le hará sudar tinta.

Es el presidente, como él mismo ha dicho, que «pasaba por allí». Era un joven ambicioso desde que trabajaba en Leroy Merlin. Los puestos de responsabilidad eran lo suyo. En la gran superficie del bricolaje entró y fue jefe de una de sus secciones y cuando Ana Oramas lo rescató para el Ayuntamiento su objetivo fue ser concejal, no alcalde. No tenía otras aspiraciones, eran las adecuadas para su edad y estatus político. Despegó muy pronto y destacó entre sus compañeros por su fama de resolutivo, que, ahora sabemos, apuraba la ley hasta límites que rozaban con la ilegalidad para solucionar problemas. Era el hombre de las «alcaldadas», una forma de hacer política municipal que se lleva con orgullo en CC. De 2003 a 2007 fue concejal de Seguridad Ciudadana, y ya sabemos por el caso Corredor, como se las gastaba en el mundo de la noche, en su trato con los empresarios de los suburbios nocturnos.

Ana Oramas reparó en él muy pronto. Joven, atractivo, audaz, seguro de sí mismo, entregado a la causa, halagador, histriónico, organizado, trabajador y con la cabeza en su sitio. Oramas había encontrado una «joya», y así lo promocionaba en los círculos de la ATI profunda, esos que se mueven en los clubes más selectos y que pasan de la política a la economía de empresas como quien come caramelos sin percatarse de que son dulces y que engordan.

El nuevo hombre del chicharrerismo, el de moda entre la clase política de Santa Cruz, tenía un punto un tanto conflictivo, poco controlado. A decir de sus amigos tiene un pronto duro y una necesidad patológica de llevar las situaciones al conflicto. Alguien en CC lo definía como «el gamberro del patio del colegio», el que necesita una pelea diaria para sentirse a gusto y demostrar quien manda en el recreo. Así lo definieron algunos compañeros del gabinete, que no entendieron nunca la necesidad de hacer «putaditas» a los socialistas cuando recibía negativas de los distintos departamentos.

Siempre entendió su liderazgo como el que se ejerce en una empresa de corte vertical. Las negativas, las insubordinaciones o los reparos, incluso los legales, los lleva muy mal. De hecho desprecia a los interventores o secretarios de instituciones, costumbre que no ha perdido en sus años como presidente del Gobierno. Retorcer los procedimientos es una de sus aficiones, de las menos democráticas que lo adornan.

«Este nuevo escenario para Clavijo es un agujero negro. Se lo pueden merendar los tribunales en el día a día de la maquinaria judicial y se la pueden clavar los suyos, conscientes de que es un hombre de paja, que está de paso y se ha querido perpetuar y pasar de sus escasas condiciones para el liderazgo»

De concejal de Seguridad pasó a ser primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo. Había llegado en solo cuatro años al corazón de un Ayuntamiento, al panal de miel, al área que todos quieren. Para esas fechas Ana Oramas ya lo tenía al lado como su hombre de confianza. Clavijo se sentía en plenitud, y lo único que le pasaba por la cabeza era ser alcalde algún día, sin apuros.

Es una época feliz para él. Está al lado de la mujer que más manda en ATI y en Coalición Canaria, lo que le permite escuchar confidencias del devenir del partido.

Clavijo tuvo otro golpe de suerte en su fulgurante carrera, esa que le llevó desde Leroy Merlín a la presidencia del Gobierno.

En 2008, Ana Oramas se convierte en la candidata al Congreso de los Diputados y le deja a Clavijo la Alcaldía. Por fin está en el despacho más grande de La Laguna, mandando el segundo municipio más importante de Tenerife y el tercero de Canarias. Para alguien con tan poco recorrido en política, llegar a ese puesto era una auténtica proeza. En ATI se le ve como un nuevo miembro del círculo en el que, lentamente, lo introduce Ana Oramas.

Estaba en el meollo de todas las conspiraciones, conversaciones y negocios del chicharrerismo. Su amistad e intimidad política con Ana Oramas iba en aumento. Fue así como supo de la enemistad de la diputada con Paulino Rivero, presidente del Gobierno y de Coalición Canaria. Era la portavoz de los descontentos con la gestión de Rivero en Tenerife. Había traspasado todos los límites y desviado los intereses a Gran Canaria. Ana Oramas se convierte en la voz de ATI en toda Canarias y trata de convencer a las distintas organizaciones de la necesidad de deshacerse de Rivero.

Fue así como Clavijo entró en la operación contra Paulino. Supo desde el minuto uno que se preparaba en Coalición Canaria una redada contra el ex presidente. Nunca había tenido más contacto con él que el imprescindible, pero su mentora lo odiaba y se había conjurado para sacarlo de la presidencia del Gobierno.

Los enemigos de mis amigos también lo son míos, debió pensar Clavijo, al que en ese momento ni se le pasaba por la cabeza que podía ser él el candidato.

Ana Oramas se da de bruces contra la realidad. No tiene los apoyos suficientes para ser candidata. Tiene algo a su favor. Todos quieren que Rivero se marche, incluso las islas menores, convencidas, por unos u otros motivos, que era necesaria la renovación en el partido. Dejar cuatro años más a Rivero era consagrar un sistema de proporcionalidad regional que los insularismos no estaban dispuestos a permitir. Pantomimas las justas. Banderas, congresos, estatutos, siglas, y hasta ideología... pero todo eso para la galería. Lo importante en CC son las cañerías, las alcantarillas, los pactos por los que se reparte el poder y el dinero. El insularismo vio en Rivero un peligroso enemigo para el equilibrio que sustenta esta especie de UTE que constituye CC.

La falta de apoyos a Ana Oramas la lleva a pensar pensar en un hombre de paja, al que pueda controlar y a través del que garantizar, de nuevo, los repartos del dinero público desde el Gobierno a la periferia para el proselitismo político. Había que envolver al candidato en celofán y el momento era propicio, la renovación se imponía como idea base de la acción política, tirando a la cuneta a líderes en pleno desarrollo de sus facultades.

Todo salió como estaba previsto. Tanto que el propio Clavijo reconocía asombrado que él sólo «pasaba por allí», que le tocó por la falta de consenso en su partido. La realidad era bien distinta. ATI quería un hombre de paja que pronto comenzó a volar solo nada más cogerle el gusto a mandar y al poder. Tanto que se ha entregado en cuerpo y alma a crear un emporio de apoyos a su persona y a descuartizar a los contrarios, siempre salvado por un golpe de suerte política. En lo que no ha fallado es en repartir más y mejor el dinero que comprometieron, él y Ana Oramas, en la campaña de sus primarias, además de cobijar a toda una corte de enchufados del partido, convertido en una agencia de colocación de CC. Clavijo monta desde el Gobierno una forma más eficaz de reparto a las islas, para que estas se mantengan al margen, apoyen sus propuestas y lo dejen trabajar en paz. Ese es el acuerdo básico del insularismo, del que se ha enamorado Ángel Víctor Torres.

Pero las cosas se han torcido. Primero con su mentora, Ana Oramas. La necesidad de Clavijo de destacar y controlarlo todo, rompió el pacto no escrito de que Oramas sería la interlocutora del Gobierno y de CC en Madrid. La relación entre madre e hijo político ha pasado por distintas etapas, pero alguien le ha debido recordar a Clavijo que a quien realmente le toca la presidencia es a su mentora, que ya se ha lanzado a buscar apoyos en las islas.

Ayer, algunos sectores de Coalición Canaria, que han aceptado a lo largo de estos dos años a Clavijo como mal menor, se frotaban las manos. Una imputación judicial a un presidente de Gobierno no es algo menor, puede acabar con su carrera política. A pesar de los esfuerzos de Clavijo, los líderes insulares, salvo un incondicional, no le reconocen el liderazgo, es más, se ha vuelto peligroso en su afán de mandar más allá de la presidencia del Gobierno. Los golpes desde el Gobierno a CC de Lanzarote, no han sido bien vistos y algunos caciques locales se removieron en sus sillas. En el Hierro no se andan con chiquitas y ante la posibilidad de perder una consejería amenazaron con crearle una crisis. Los palmeros lo mantienen a raya y en Fuerteventura han ganado los que a Clavijo no le gustan, los de Asamblea Majorera de toda la vida.

Clavijo tiene que cumplir y quedarse quieto. No tiene madera de líder, dicen algunos coroneles, más bien es un «repugnante queda bien», de esos que tratan de quedar bien en todas partes y lo miras a los ojos y sabes que te miente, que no hará lo que está diciendo, que trata de intimidarte y que está pensando lo contrario o de cómo engañarte.

Este nuevo escenario para Clavijo es un agujero negro. Se lo pueden merendar los tribunales en el día a día de la maquinaria judicial, lo puede destrozar la opinión pública y se la pueden clavar los suyos, conscientes, de que es un hombre de paja, que está de paso y que se ha querido perpetuar a pesar de sus escasas condiciones para el liderazgo.