Jaula y arco iris

‘Clavicidio’

14/07/2019

El tiempo permitirá analizar con sosiego y precisión lo que ha ocurrido en Canarias desde el 28 de mayo a hoy. Un período postelectoral que ha supuesto un profundo cambio institucional en las Islas, un verdadero tsunami, con el enorme retroceso de Coalición Canaria, que ha perdido el Gobierno de Canarias tras casi tres décadas, desde la moción de censura a Jerónimo Saavedra del año 1993; a lo que se han sumado los cabildos de El Hierro, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife, así como los ayuntamientos de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna.

Es difícil entender que un partido que ha acumulado tanto poder, que ha dispuesto de tantas y tan fuertes alianzas empresariales y mediáticas, lo haya podido dilapidar casi completamente en tan pocas semanas. Máxime si tenemos en cuenta su resultado en las urnas en las recientes autonómicas y locales, en las que CC mejoró sus apoyos en el ámbito de la Comunidad y en el de algunos ayuntamientos con relación a lo que logró en mayo de 2015.

Una organización que, junto con el partido socialista, es el que cuenta con mayor implantación territorial en el conjunto del Archipiélago. Y que, en consecuencia, lejos de simplistas predicciones, no se vio afectado en modo alguno por el nuevo sistema electoral y su lista archipelágica.

Cierto es que su desplazamiento de varias de las instituciones tiene que ver con acuerdos, legítimos, pero extraños, que en unos casos suman al PSOE y al PP, en otros al PSOE, Podemos y Ciudadanos -este último no sin una fuerte polémica interna y acusaciones de transfuguismo-, con una variedad de acuerdos poco común en otras zonas del Estado. Y que ha beneficiado claramente al ganador de las elecciones, el PSOE, que tiene más poder que nunca, pero también al PP, pese a su retroceso en las urnas.

en la bajadita. Da la impresión de que muchos y muchas, en los diferentes territorios insulares, estaban esperando a CC en la bajadita. Que ese largo ejercicio del poder ha generado muchos anticuerpos, muchos rechazos. Que una parte importante de las formaciones políticas y de la ciudadanía esperaba y deseaba el momento en que se dieran las condiciones para desalojar a CC de ayuntamientos, cabildos y Gobierno de Canarias, lo que no sucedió en distintos comicios en que, pese a no ser primera fuerza política, al final terminaba presidiendo el Ejecutivo canario.

Lo hemos podido comprobar en los foros en los medios de comunicación y en las redes sociales con los comentarios, memes y burlas hacia algunos lideres de Coalición Canaria y la nada disimulada satisfacción por lo que les ha sucedido; en algunos casos seguramente proporcional a la altanería que estos mantuvieron mientras ejercían el poder.

Y, tengo que decirlo, haciendo tabla rasa de lo que CC ha supuesto en sus 26 años de historia. Los errores recientes, las actitudes equivocadas de muchos de sus dirigentes, la prepotencia, la deriva regionalista y su derechización, no pueden neblinar muchas iniciativas y decisiones de CC que han sido muy importantes para Canarias. Por recordar algunas, la consecución del Plan de Carreteras, de los Planes de Empleo e infraestructuras educativas en los años 90 del sigo XX. O, en este caso juntamente con los nacionalistas de Nueva Canarias, la separación de los recursos del REF de los de la financiación autonómica, lo que ha supuesto que este año Canarias cuente con 600 millones de euros adicionales para sus servicios públicos. No todo ha sido negativo en su trayectoria.

La dureza con la que se juzga a CC, si quieren comprensible por la larga permanencia en el poder, no se aplica habitualmente al resto de los partidos que, gobernando en España en distintas legislaturas, el PSOE y el PP, el PP y el PSOE, no se han destacado precisamente por el apoyo a Canarias y a sus problemas y déficits, salvo, salvo, cuando los nacionalistas les apretaron las tuercas y precisaban de sus votos en el Congreso de los Diputados. Recuerden que Felipe González se negó rotundamente a incluir a Canarias en el Plan de Carreteras.

Ahora bien, considero que el último periodo de CC es profundamente negativo. Es la CC más volcada a la derecha -basta escuchar las intervenciones de Oramas, Alonso o Clavijo- y más regionalista, que no nacionalista, de su historia. CC ha perdido la centralidad, como reciente y acertadamente señalaba Paulino Rivero en un artículo de opinión, y eso le dificulta su capacidad de entendimiento con las fuerzas políticas del ámbito progresista.

medianeros. Además, la actitud del presidente Clavijo hacia otras fuerzas y dirigentes políticos ha sido escasamente respetuosa. «Yo hablo con el jefe, Pedro Sánchez, no con los medianeros», dijo en septiembre de 2016, poco antes de que expulsara a los socialistas del Gobierno canario en diciembre de ese mismo año. Otro tanto ocurrió en las recientes negociaciones para un pacto de gobernabilidad, ninguneando al líder de los populares canarios, puenteándolo y dialogando con sus directivos estatales e incluso entrando en una operación para sustituir a Asier Antona por Australia Navarro al frente de un Ejecutivo de las derechas canarias y estatales.

Desconozco el papel de los que han asesorado a Fernando Clavijo estos años. Pero no parece que hayan acertado mucho. Lo han tenido más fácil que el resto. Con medios públicos y privados volcados en el apoyo al ya expresidente, de forma muchas veces escandalosa, sin medida, sin pudor. Y, pese a ello, lejos de convencer a la ciudadanía de las virtudes de CC y sus lideres han generado un profundo rechazo de amplias capas sociales. Esos medios también tienen responsabilidad en su derrota.

En todo caso, Coalición Canaria, por sus errores, por su debilitamiento ideológico, por su falta de discurso nacionalista, está viviendo un auténtico clavicidio. Mucho deberá analizar y rectificar para superar la actual situación y volver a ser un partido que ilusione y que vuelva ser alternativa de Gobierno. Lo que no vale es lamentarse ni, tampoco, huir de la autocrítica y persistir en los errores. El riesgo de desaparición, tras casi tres décadas de aciertos y errores, no es ninguna broma, no es descartable. Y ello obliga a decisiones tan meditadas como drásticas.