Lunes en África

Choques

ETIQUETAS:

Ropa sucia, restos de pan duro o comida caducada, algún colchón rancio, y más que casa, que parezca madriguera. Estamos acostumbrados a la imagen. Cuanta más roña aparezca en la foto o en el vídeo, mejor. Para ilustrar el estado de la cosa, en Canarias y otros lugares, el recurso gráfico más utilizado dibuja un infierno ajeno. La descripción del fenómeno reproduce el inframundo habitado por personas que en su día tuvieron una oportunidad, o ninguna. El pobre, a la intemperie, no tiene remedio.

La nitidez del retrato esconde su falsedad, porque en el mundo actual no hay conciencia que se remueva ante un semejante tan deteriorado. Del mendigo rampante huye la gente, sobre todo por miedo al contagio. La limosna es el reconocimiento de la negación; nadie se hace rico tirado en una acera.

Un informe reciente apunta como novedoso que el 44,6% de los canarios está en riesgo de pobreza. Obsérvese el eufemismo; la pobreza como riesgo. La economía nacional florece al 3% anual, la riqueza local se expande al delirante ritmo del crecimiento turístico, y sin embargo el deterioro es un paisaje oculto. De este escenario quemado no hay imágenes certeras; no se retrata a un obrero en su faena para describir los riesgos del contratado. Nadie se hace un selfie con el recibo de los gastos a mitad de mes. La pobreza, así descrita, sólo es un riesgo invisible.

Nada mejor para atajar este presagio que un plan de choque oficial. Es la solución de sus señorías, tras intenso debate no exento de exabruptos. Menos mal; en 2013 les daba asco hablar del asunto. Desde 1998, Canarias ha puesto en marcha tres planes contra la exclusión social, y ya viene el cuarto. La eficacia es palpable. Ningún plan anterior se ha evaluado, ahora tampoco faltará el dinero. Qué importa el gasto, si el pobre que crece es el que no se ve.