Jaula y arco iris

Cataluña, ¿hay tercera vía?

17/12/2017

Cuando faltan muy pocos días para la celebración de las elecciones catalanas las encuestas son incapaces de predecir lo que ocurrirá en esa trascendental jornada, al dejar muchos flancos abiertos. Y, aún menos, de plantear quiénes estarán en condiciones o no de formar un Gobierno estable para los próximos años. Algunos analistas no descartan, incluso, que esto último resulte al final imposible y que tengamos una repetición de elecciones, al modo y manera de lo que sucedió en España entre las generales de diciembre de 2015 y las de junio de 2016.

Las empresas demoscópicas no se ponen de acuerdo en quién ganará, aunque, de ser ciertos los datos que han ido ofreciendo, solo ERC y Ciudadanos están en condiciones reales de poder hacerlo. Tampoco coinciden en si el independentismo disfrutará de una nueva mayoría absoluta, que muchos sondeos cuestionan y otros confirman pero por pocos escaños y, en todo caso, con menos apoyos que en la anterior cita con las urnas. Aunque da la impresión de que en algunos medios de comunicación españoles las encuestas se están convirtiendo en una prolongación de su línea editorial.

Se producen, eso sí, algunos elementos comunes entre los numerosos estudios sociológicos realizados y publicados en las últimas semanas. Entre ellos que ERC y Ciudadanos se vislumbran como las organizaciones con más posibilidades de ser las que obtengan mayor número de votos y escaños, asunto este que no tiene que coincidir: ser el más votado no garantiza disponer de más diputados y diputadas. Y que estas formaciones políticas presidirán de forma clara los dos bloques antagónicos, soberanistas y constitucionalistas, independentistas y unionistas, como prefieran. Aunque algún sondeo apunta a que Carles Puigdemont recorta progresivamente distancias con su antiguo socio en JxS y que su liderazgo salvará al PdCat del batacazo que todos le anunciaban a los herederos de Convergencia hace apenas un mes.

También es común la impresión de que el PSC-PSOE de Iceta crece, aunque parece que no lo suficiente como para pelear por la primera plaza. El ligero retroceso de la CUP y el hundimiento del PP de Albiol, con una parte muy significativa de sus antiguos votantes que cambiaran su papeleta de Albiol por la de la lista que lidera Inés Arrimadas, son, asimismo, elementos comunes de los distintos estudios demoscópicos. Así como el escaso trasvase de votos entre un bloque y otro; los movimientos de electores se dan, esencialmente, dentro de los dos mundos en disputa.

«También es común la impresión de que el PSC-PSOE de Iceta crece, aunque parece que no lo suficiente como para pelear por la primera plaza»

Ada Colau. En el caso de Catalunya en Comú (CEC), la alianza entre Podemos y la gente del grupo que lidera la alcaldesa Ada Colau, casi todos los sondeos prevén un retroceso. La fuerza que ganó las últimas generales en Cataluña llegaría con dificultad a los diez escaños en estas autonómicas de los 135 que tiene la Cámara catalana. Pero, dado que parece que ninguno de los dos bloques alcanzará la mayoría absoluta, podría convertirse en árbitro de la situación. Lo que no estoy seguro de que sea una ventaja en las actuales circunstancias. Puede ser una situación muy difícil de manejar.

La participación es otro de los asuntos que despierta enorme interés. Casi todos los sondeos hablan de record en la misma, superando incluso ampliamente el 80%. Excepto el realizado por Celeste Tel, que prevé una asistencia a las urnas muy similar a la que se produjo en las anteriores elecciones autonómicas, las de 2015, donde se alcanzó el 75%.

A priori da la impresión de que solo hay dos alternativas viables en estos momentos. Por un lado, la repetición del modelo soberanista que gobernó hasta octubre, aunque probablemente con un programa más moderado en sus aspiraciones nacionales, zarandeado por los acontecimientos políticos, sociales y económicos del período reciente. Con incógnitas, además, sobre a quién le correspondería presidir la Generalitat y sobre si la CUP estaría dispuesta a aceptar un Ejecutivo que no defienda un proceso de independencia unilateral.

Por otro, un Gobierno integrado por las fuerzas no nacionalistas y liderado por Inés Arrimadas, que contaría con el apoyo parlamentario de Ciudadanos, PSC-PSOE y PP. Pocos análisis sociológicos consideran que esta fórmula aúne los escaños suficientes para sacar adelante una posible sesión de investidura de la candidata. Salvo que Catalunya En Comú colaborara, circunstancia que me parece, hoy por hoy, absolutamente imposible.

Propuesta integradora. ¿Hay tercera vía? Creo que existe la posibilidad remota de una tercera propuesta de gobierno. Un planteamiento que supere el actual enfrentamiento entre bloques irreconciliables. Que plantee fórmulas de negociación con el Estado para incrementar el actual autogobierno, como desea la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Que integre grupos políticos y personas nacionalistas y no nacionalistas. Que defienda una profunda agenda social para superar los efectos de las políticas de austeridad y recortes en Cataluña. Que genere condiciones para superar la actual crispación. Que evite que una mitad, llámese soberanista o constitucionalista, tenga la tentación de gobernar sobre la otra o contra la otra.

Esa alternativa es la de un pacto de las izquierdas, necesariamente transversal en el ámbito de las reivindicaciones nacionales. Y que, según las distintas encuestas, podría moverse entre los 60 y los 68 escaños, es verdad que en la mayoría de los sondeos por debajo de la mayoría absoluta de 68. Difícil, muy difícil de articular. Más aún con todos los improperios que se están lanzando en la campaña electoral y las promesas de vetos cruzados, de no pactar nunca con este u el otro. Pero para eso está la política, para la búsqueda del entendimiento, para la capacidad de escucha y de integración de propuestas ajenas y reducción de las pretensiones propias. Para poner por delante de los legítimos intereses partidarios los intereses globales del país y de su gente.

Y si no es así, si tras la constitución de la Cámara no se logran establecer acuerdos de gobernabilidad, nos podemos encontrar ante un escenario que lleve a la celebración de nuevos comicios catalanes en la próxima primavera y, por tanto, a prolongar en el tiempo la vigente aplicación del artículo 155. Lo que no creo que se pueda considerar, precisamente, un éxito político.