Imagen de archivo del presentador Pablo Motos. / C7

La caspa que no cesa

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

Durante esa especie de nacional-catolicismo que dominó España durante el franquismo, los medios de comunicación se cuidaban mucho de vender el cuerpo de las mujeres como reclamo publicitario. El decoro religioso impedía mostrar los cuerpos o, al menos, hacerlo de una forma demasiado libidinosa, aunque no impedía la proliferación de todo tipo de burdeles en ciudad y carretera. Con el aperturismo de los años sesenta y, sobre todo, con la llegada de la democracia, se vendió como un signo de progreso el denominado 'destape', consistente en que las mujeres, y solo las mujeres, se mostraran con tan poca ropa como habían venido al mundo. Incluso entre algunas mujeres progresistas de la época predominó la idea de que desnudarse en televisión, o en la portada del Interviú, era lo que nos iba a homologar con Europa.

Pronto, el cuerpo de las mujeres pasó a ser uno de los principales reclamos de los programas de televisión, y eso mucho antes de que llegaran las cadenas privadas. Las azafatas del '1,2,3 responda otra vez', las Nadiuskas y las Sabrinas hicieron las delicias de los machirulos al otro lado de la pequeña pantalla. La llegada de las privadas no hizo más que nadar a favor de corriente, dando rienda suelta a cuanta mama-chicho se pusiera a tiro.

Que el tal Pablo Motos se haya dedicado durante años a explotar el atractivo sexual de las mujeres para incrementar su audiencia no es algo que no hubiesen hecho en su momento Chicho Ibáñez Serrador o Mariano Ozores. Vivir del cuerpo de las mujeres es algo que casi siempre se le ha dado bien a algunos hombres y la nueva hornada de los Motos, como la vieja de los Estesos y Pajares, no nos va ya a sorprender. Es esa caspa que en España nunca cesa.