Del director

Campana sobre campana

03/01/2019

Quiere el Partido Socialista Canario saber el coste de la campaña de promoción a cuenta de las campanadas canarias en la Puerta del Sol. Y quiere saberlo al céntimo. Para ello han anunciado los socialistas, a través de su portavoz adjunto en el Parlamento regional, el tinerfeño Gustavo Matos, que se dirigirán al consejero de Turismo y Cultura, Isaac Castellano, y también al administrador único de Radiotelevisión Canaria, José Carlos Naranjo Sintes, para que también detalle el coste de la retransmisión desde la capital del reino.

De entrada nada objetar a que un partido de la oposición fiscalice cómo se emplea el dinero público. Ojalá esto de pedir cuentas fuera más común de lo que parece. Lo digo por los gestores públicos, sobre todo si son puestos por partidos políticos y no profesionales de la administración, que se revuelven en sus sillas cuando en una rueda de prensa los periodistas preguntan por el coste de lo que están anunciando a bombo y platillo. Y es que ya que lo sabe un interventor, o terminará sabiéndolo, pues no debe pasar nada porque lo sepamos el resto de los mortales -sobre todo cuando se trata de gastos que salen de nuestros impuestos-.

Dicho lo anterior, lo que no termino de entender es el hilo que lleva a Gustavo Matos, y por extensión a su partido, a unir lo de las campanadas canarias con Fernando Clavijo. Y lo digo porque, como espectador que fui del cambio de año a través de Televisión Canaria -en un rápido ejercicio de zapeo a ver qué hacían otras cadenas-, no vi al presidente asomando entre Eloísa González, Roberto González y Juan Luis Calero. Como tampoco creo que eran las caras de Clavijo las que aparecían en pantalla debajo del número de cada campanada, sino un dinosaurio de una conocida marca de distribución. Y aquel 31 no hubo discurso del presidente a la nacionalidad canaria, como sí hizo -por ejemplo- la socialista Susana Díaz en la Junta de Andalucía para, de paso, lanzar un mensaje nada críptico defendiendo que su partido siguiera en el poder.

Es innegable que lo de las campanadas fue el resultado de una gestión en la que se implicó el presidente, pues lo que se haga o se deje de hacer en la Puerta del Sol es competencia, a su vez, de su homólogo en la Comunidad de Madrid. Pero dicho eso, lo también innegable es que el nombre de Canarias sonó esos días en todas las radios y televisiones de España y eso, por mucho que incomode a Gustavo Matos, vale su peso en oro desde el punto de vista de la promoción turística. No verlo es de ciegos; no querer verlo es de obtusos.