La Arista

El régimen está en campaña

20/01/2018

Coalición Canaria está en plena campaña de defensa de sus privilegios. Quiere perpetuar su régimen 30 años más. A sus dirigentes les importa poco la democracia, la representatividad de los canarios en las instituciones y nos les pone colorados seguir gobernando con tan pobre legitimidad. Los primeros en salir en tromba, de forma coordinada, han sido los “barones”, terminología demasiado benevolente para llamar a los caciques ocasionales de cada una de las islas, que son a los que más les interesa que no cambie el sistema electoral, ni ahora, ni nunca. Los beneficios del régimen son superiores a cualquier valor democrático, incluso para los que presumen de sostener la bandera progresista en las filas de un partido hecho de costurones de poder, influencia y dinero de todos los contribuyentes, en el que todos mandan algo, y todos ganan siempre agarrados como una piña a una injusticia histórica.

Es inexplicable, por ejemplo, que los miembros de Asamblea Majorera, estén dispuestos a renunciar a un diputado más por Fuerteventura con tal de conservar su poder insularista dentro de la organización. Es injustificable, que quien fue adalid de la regionalidad, de la nacionalidad, de la solidaridad, sacrifique el pozo de su pensamiento, tan elaborado y cuidado por los guardianes de la causa, y el proyecto común de Canarias por una antigualla electoral de tan escasa amplitud democrática.

«Es inexplicable, por ejemplo, que los miembros de Asamblea Majorera, estén dispuestos a renunciar a un diputado más por Fuerteventura»

Poco hay que explicar de la negativa de los caciques locales a una reforma electoral que toque la triple paridad. Se unen otras causas coyunturales, como la crisis de expectativas que padece CC. El análisis del histórico electoral los coloca en una posición muy delicada. Las encuestas que están manejando, les pronostica una importante caída, sobre todo en Tenerife, donde no tienen garantizados sus tres feudos, Santa Cruz, La Laguna y el Cabildo de Tenerife. Este deterioro electoral llevó al partido a acabar con la renovación y a volver a los cuarteles de invierno, a una vuelta a las esencias del insularismo y al abandono del proyecto regional, del nacionalismo, que ha quedado como un discurso vacío de contenido.

Son, el insularismo y el actual sistema electoral, los dos elementos que necesitan mantener para seguir sobreviviendo, para gobernar como lo están haciendo hoy, siendo la tercera fuerza política en votos y en solitario, con el apoyo solo de 160 mil votos, frente a los más de cuatrocientos mil del resto de partidos y 144.000 que van directamente a la basura cada vez que los canarios vamos a las urnas. A CC no le cuesta nada gobernar con el apoyo de advenedizos y oportunistas, como Casimiro Curbelo, que, incapaz de acatar las reglas de su partido, se inventó otro, sabiendo que con la leyes del caciquismo sólo le bastarían cuatro mil votos que le otorgarían tres diputados para convertirse en la llave de la gobernabilidad, mientras que una masa importante de ciudadanos de Gran Canaria, Tenerife o Fuerteventura, ven mermada o eliminada su representación.

Los barones de CC han salido en tromba en una operación coordinada, evidentemente desde el núcleo del mismo Gobierno, parte esencial del sistema del régimen creado en 30 años de gobiernos de CC.

Lo han hecho como siempre, desde el falso victimismo, poniendo un supuesto abandono de las islas menores. No están peor los habitantes de El Hierro o La Gomera, Fuerteventura o Lanzarote que los grancanarios o los tinerfeños que viven en las áreas de la periferia de las grandes ciudades. Es más, un ciudadano de La Gomera recibe de media tres mil euros anuales en asistencia social, mientras que un grancanario no llega a los mil doscientos. No es verdad, por mucho que lo repitan, el argumento victimista solo esconde la necesidad de perpetuar el régimen a sabiendas de que el proyecto de sociedad que movió la creación de Coalición Canaria hace tiempo que no existe, que lo único que queda es una Unión Temporal de Empresas, un conglomerado de intereses que quieren sostener.

«Los beneficios del régimen de CC son superiores a cualquier valor democrático, incluso para los que presumen de sostener la bandera progresista»

Otro argumento de la tropa del régimen para descalificar el acuerdo de la oposición de cara a la reforma del sistema electoral, es el coste de esos diez diputados más que se incorporan al Parlamento. La fórmula está pensada para no quitar representación a las islas, no tocando sus diputados. Casimiro Curbelo debería dormir tranquilo sabiendo que con los mismos votos obtendrá los mismos diputados, tres. Pero está inquieto porque habrá más diputados en el Parlamento que representen a los grancanarios y a los tinerfeños y su poder, como el de CC, se verá mermado en pro de una mayor legitimidad democrática.

Si de verdad son lo que dicen, deberían renunciar a sus diputados para que otros obtengamos una mayor y mejor representación. No van a engañar a nadie. Lo menos que le preocupa a CC y a Casimiro Curbelo es el coste de los diez nuevos diputados, lo que de verdad les preocupa es que los ciudadanos desmonten con votos sus tinglados. ¿Cómo le va a importar lo que cuesta un diputado a quien está rodeado de 40 asesores que suponen para a las arcas públicas casi tres millones de euros en una legislatura? ¿Mira con lupa lo que gasta Clavijo en sus cuchipandas y frivolidades personales, como la de mantener una reunión con el Manchester City, rodeado del chicharrerismo profundo, para instruirse mejor en el manejo de los videojuegos? No es de recibo, pero sobre todo no es honrado desmontar por la vía del populismo lo que no pueden hacer con argumentos.