La arista

Güi Güi es nuestro

18/01/2018

Ningún grancanario puede imaginar que el paraje más singular del Parque Natural de Güi Güi, las playas y sus aledaños, termine en manos de un comunista multimillonario chino. No tengo nada especial contra los chinos, salvo un acentuado recelo contra la depredación salvaje a la que someten al planeta y a su expansión incontrolada en la economía. No sé exactamente cómo un lugar tan apartado e inaccesible como Güi Güi se ha convertido para los grancanarios en icono de la belleza natural de la isla y en la zona más apreciada de los aldeanos. La tierra es siempre bendita tierra en la que vivir, y eso si lo saben, mejor que nadie, los aldeanos, y si la acompaña la exuberancia, el amor puede ser pasional.

No voy a discutir el título de propiedad de este paraje natural, cuya adquisición y registro no han sido cuestionados ni anulados por ningún juez. El empresario grancanario Jaime Cortezo es el legítimo propietario de tan singular y querido paraje de Gran Canaria. Tampoco es discutible que quiera venderlo, y que se dirija a los mercados inmobiliarios internacionales en los que es posible hacerlo, como el chino o el ruso, donde al parecer también, colocará el cartel de «se vende». Lo que sí es cuestionable es que después de seis años de acabado el pleito entre Cortezo y el Ayuntamiento de La Aldea, ninguna institución haya dado un mínimo paso para rehacer la propiedad, convertirla en patrimonio público y hacer realidad el Plan de Uso y gestión de la zona.

«Los grancanarios estamos enamorados de ese parque natural, mantenemos un idilio con el paisaje, con sus acantilados y con sus playas»

La historia sentimental de Güi Güi está a la vista de todos, es nuestra. Güi Güi es nuestro. Los grancanarios estamos enamorados de ese Parque Natural, mantenemos un idilio con el paisaje, con sus acantilados y con sus playas, y queremos que sea, en su totalidad, de todos porque creemos que será la única forma de protegerlo en el tiempo de cualquier actuación encaminada a su explotación turística.

Estoy seguro de que incomoda mucho a los grancanarios, y a los aldeanos, que tal cúmulo de belleza natural, en medio de tanto cemento, sea una propiedad privada. De la misma forma incomoda, y mucho, ver esta joya en un portal inmobiliario anunciado con caracteres chinos e incomoda pensar que se consume una operación y que por seis millones de euros el titulo de propiedad pase a manos de un extranjero de moda en el mundo de los negocios. Se disparan todas las alarmas y sospechas porque este tipo de especuladores siempre esperarán una mejor ocasión para hacer rentable su inversión.

El propietario vincula estrechamente en su anuncio la finca a la actividad turística. Es una pista de por dónde se mueve la operación, que además puede contar con la laxitud y complicidad de la nueva Ley del Suelo.

No es nuevo en la particular historia de Güi Güi, sujeta siempre a la posibilidad de su explotación turística y a los pelotazos. La intrahistoria de especulación con este rincón de Gran Gran Canaria está llena de motivos para la sospecha, desde su venta y postventa, pasando por los amaños en el registro civil hasta el intento fallido de expropiación a Jaime Cortezo por parte de la Consejería de Política territorial del Gobierno de Canarias, en aquel momento dirigida por el PP en la última etapa de José Miguel Bravo y primera etapa de José Manuel Soria.

«Hoy ningún grancanario se sentirá cómodo al saber que su querido Güi Güi se exhibe en China o en Rusia como una simple finca sobre un mapa»

Si Güi Güi ha tenido un valedor ha sido el pueblo de La Aldea, y es posible que así siga siendo en el futuro. Fue el Ayuntamiento, en aquel momento dirigido por Celestino Suárez, el que paró en seco la expropiación gracias a un defecto de forma que permitió la nulidad con un recurso contencioso administrativo. Fue el Ayuntamiento, en nombre de los aldeanos, el que litigó hasta la extenuación jurídica para que los tribunales reconocieran la propiedad de los 30 millones de metros cuadrados del Parque. El ayuntamiento ganó en primera instancia y en segunda, en un fallo histórico que anuló los asientos registrales de particulares sobre la finca. Hoy ningún grancanario, ni ningún aldeano, se sentirá cómodo al saber que su querido Güi Güi se exhibe en China o en Rusia como una simple finca en un mapa en el que algún asesor de un multimillonario comunista pondrá su dedo y calculará el rédito de seis tristes millones de euros.