Siete leguas

Aplausos y sonrisas

10/04/2018

A estas alturas que Cristina Cifuentes tenga un máster del espacio o dos y cómo los haya obtenido, ya da igual. Ahora lo verdaderamente relevante es el cinismo demostrado por todo su partido, que se ha medido este fin de semana en la ovación cerrada que le dedicaron a la más que entredicha presidenta de Madrid. Aplausos y aplausos para acallar un escándalo en el que no les ha temblado la mano al arrastrar por el fango a la Universidad pública española, a toda.

A la derecha española les parecía poco tener la posibilidad de acceder a universidades privadas, a la obtención de títulos de diversa índole para engrosar dudoso curriculum, que tuvieron que desplegar sus tentáculos también en la Universidad pública, donde amparados por la ley pueden mangonear. Y dependiendo de su poderío, así serán los presupuestos o los cargos que amigos y familiares puedan tener.

Oía ayer en un programa radiofónico que en la Universidad Rey Juan Carlos, la que dio por la cara el título a Cifuentes, hay miedo. Miedo a que se pongan en tela de juicio todos los estudios que ofrece, que se devalúen, aún más, sus títulos académicos, que haya represalias ante las escasas voces discrepantes que están emergiendo en el campus. En realidad, hay miedo a que el iceberg emerja, ya que parece que el caso del máster de Cifuentes es solo eso, un caso. El más llamativo, sí, porque es la presidenta de la Comunidad de Madrid, la que proporciona financiación a dicha Universidad. Pero podría haber más, muchos más casos de estudios cargados de trampas, de plagios –bueno, el anterior rector tuvo que dimitir acusado de plagio–, de cargos a dedo, de méritos que no son tan meritorios...

Los máximos dirigentes del partido que gobierna el país se sienten por encima del bien y del mal.

Al tiempo que ese miedo crece, el PP aplaude en su congreso. Los máximos dirigentes del partido que gobierna el país se sienten por encima del bien y del mal. Y mientras aplauden, sus caras parecen máscaras, con esa sonrisa cínica que solo los que se saben inmunes despliegan públicamente con tanto arte. Quizás aún se piensen intocables tras tantos casos de corrupción, se olvidan rápidamente de los cadáveres que se han quedado en el camino, y los amigos a los que dijeron «aguanta» pasan a llamarse «ese señor». Es como si creyesen que si ellos hacen gala de desmemoria, los españoles también olvidarán. Pero son muchas ya las afrentas. Esperemos que la memoria de los españoles sea más sincera que la risa y los aplausos de los populares.