Opinión

Antona quiere centro

12/12/2018
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Asier Antona ha abierto el campo de juego de los pactos. De repente, cuando todo estaba acotado en el córner, le pega una patada al esférico y lo sitúa otra vez en el centro del campo. Es una jugada audaz porque amplía el abanico de cara a mayo de 2019. Ha tomado la iniciativa. La posibilidad de esgrimir un futuro pacto entre PP y PSOE tiene varias ventajas que como mínimo deben sopesarse: asegura un consenso centrista justo en tiempos oscuros, aleja el fantasma de Vox si es que llega a Canarias, implicaría despejar a CC que lleva en el poder desde 1993 y a Antona le permite con esta jugada estar a la espera de lo que ocurra en un Madrid muy revuelto políticamente. Claro, si los números dan.

Hay una realidad que la opinión pública no acaba de encarar: ¿realmente se pretende el multipartidismo? Este arco fragmentado ya está presente pero aún estamos en un momento en el que los agentes políticos que han protagonizado las últimas décadas pueden frenar los sustos que se están produciendo. Que la agenda, en cierta medida, obedezca a partir de ahora en función de lo que haga Podemos y Vox no es muy alentador. Se están agitando los extremos. Y mientras tanto el bipartidismo no se ha pronunciado porque no quiere o hay una especie de miedo a rubricar una alianza que ya es normal en Alemania o que aquí conocimos a cuenta del País Vasco. ¿Tiene un precio? Por supuesto, qué no lo tiene en política hoy en día.

«¿Tiene un precio? Por supuesto, qué no lo tiene en política hoy en día»

Así las cosas, todavía PSOE y PP podrían modular por sí solos el panorama político, prescindir de los soberanistas y aplicar si acaso el artículo 155 de la Constitución cuantas veces hiciera falta robándole el discurso a Ciudadanos. Una fórmula de centro ante la agitación extremista. ¿Aburrido? Puede ser. Pero domo diría Winston Churchill «la democracia es el sistema político en el cual, cuando alguien llama a la puerta desde la calle a la seis de la mañana, se sabe que es el lechero». Pues eso, que sea el lechero. Y nada de escuadras neofascistas, anticapitalistas haciendo escraches o tumultos independentistas cortando las carreteras. Llegar hasta aquí ha costado mucho para echarlo por la borda sin más. Y este país pinta mal políticamente. Y encima en las islas tenemos el reto de preservar nuestra identidad, el orden competencial y las singularidades frente a la ola centralizadora que algunos pretenden activar en Madrid. Es mejor un PP que se entienda con el PSOE en el que aún las comunidades autónomas tengan proyección que un escenario en el que Ciudadanos ejecute su neoliberalismo disfrazado de falso centrismo y Vox arengue la España que empieza a amanecer. Y es aquí donde el nacionalismo canario debe reaccionar, pero esa ya es otra historia.