Siete leguas

2018, una experiencia

26/12/2017
«Para 2018 quiero tardes al sol; baños de arena y mar; aire; lluvia; risas; juegos infantiles; besos...»

Si la recuperación económica y con ello social se midiera solo y exclusivamente por el número de centros comerciales que tenemos por estas tierras, podríamos aseguran taxativamente que la bonanza ha vuelto para quedarse en Canarias. A ello se suma además que la Navidad de un tiempo a esta parte es un alarde de consumismo para la mayoría, aunque luego sean muchos los que deban afrontar la temida cuesta de enero. Sin embargo, está más que comprobado que la felicidad no la dan los objetos que uno pueda comprar o recibir como regalos, son las experiencias las que acercan más al ser humano al ansiado estado de bienestar sentimental. Por eso no es de extrañar que en una reciente encuesta, de esas que se lanzan por Pascua, se ponga de manifiesto que los viajes son el regalo más deseado por los españoles. Además, para lograr la combinación perfecta, el 80% de la población –por lo menos de la encuestada– desearía irse de viaje precisamente por Navidad.

Pero los datos y la realidad circundante apuntan que la inmensa mayoría pasa estas fechas que se dicen entrañables y familiares entre casa y los centros comerciales, donde deben cumplir con los deseos más mágicos. Así pues, parece ser que de lo que uno quiere a lo que uno hace, va un enorme trecho. ¿Y por qué? ¿No sería más fácil, e incluso económico, hacer lo políticamente incorrecto pero lo que verdaderamente nos hace felices? Habrá que echar mano del viejo dicho que apunta que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra para entender algo.

Tampoco hay que irse muy lejos para vivir experiencias únicas. Afortunadamente este archipiélago ofrece infinidad de posibilidades que cuestan poco o nada; un baño en una playa en pleno mes de diciembre a una temperatura envidiable; un paseo por dunas, valles o montañas; una subida a la Cumbre para disfrutar de aire puro y vistas ý únicas; un paseo nocturno por una avenida a pie de playa; una vuelta por pueblos pintorescos...

Ahora que me doy cuenta, nada de esto he puesto en mi carta a los Reyes Magos. Pero todavía estoy a tiempo. Para el año que viene quiero, además de unos cuantos viajes, literarios y reales, tardes al sol; baños de arena y mar; paseos por la naturaleza; subidas y descensos montañosos; aire; lluvia; más sol, mucho sol; risas; charlas; complicidad; juegos infantiles; y besos cargados de amor.