Las venas abiertas

El orgullo del pueblo canario

16/04/2019

Esta columna se ha apropiado en varias ocasiones de aquella frase de Bukowski que decía que los domingos han matado más personas que las bombas. Un hecho agravado desde que LaLiga se ha empecinado en colocar los partidos domésticos de la Unión Deportiva en la tarde-noche dominical, cuando el día oscurece en el césped y en ese particular ecosistema que solo Siete Palmas tiene.

Tres derrotas duras e inapelables frente a Mallorca, Elche y Cádiz, forma áspera de diluir el optimismo de aquellos que todavía creyeron que con la llegada de Pepe Mel se acabaría escribiendo un romancero épico sobre un ascenso memorable, contra pronóstico y siempre avante, en el año del 70 aniversario de la fundación del club.

Pero no, la tinta se secará. Constatada la caída absoluta de la Unión Deportiva de Miguel Ángel Ramírez hacia la nada.

«Ramírez construyó una Unión Deportiva hecha a su imagen y semejanza, como un rey medieval que encarga un retrato»

Desde el descenso de 1983, cuando Las Palmas se despedía de 19 temporadas ininterrumpidas en la máxima categoría, a este equipo se le ha visto más caer que levantarse. Pero siempre con sus aficionados sintiéndolo como un dolor propio, de entrañas y carne.

Hoy ya no es así. Las Palmas es un club impopular dentro de la propia isla, donde el sentimiento ya no está a salvo y al que se le condena a vivir amarrado al tobillo de un propietario cuya credibilidad y popularidad está en números rojos.

Ramírez construyó una Unión Deportiva hecha a su imagen y semejanza, como un rey medieval que encarga un retrato. Y eso ha calcinado la imagen popular de la entidad, que hasta ya aparece en los papeles judiciales como posible salvoconducto de las intrigas financieras de sus empresas particulares.

Ya nunca suena aquello del orgullo del pueblo canario.