Demasiados cambios

Lo que hemos visto es todo lo contrario, especialmente cuando se trata de afrontar el problema de contagios que vive Tenerife

Editorial -
EDITORIAL -

Cuando los problemas se agravan, más necesaria se hace la claridad en las soluciones que se adoptan. En lugar de eso, el Gobierno de Canarias parece instalado en una dinámica de cambio continuo en sus decisiones, de manera que cada revisión de los niveles de alerta va acompañada últimamente de una modificación de los criterios que rigen esa situación. Ayer se publicó el enésimo cambio, con lo que el nivel 4 que estrenará esta noche la isla de Tenerife va acompañado de una relajación en las restricciones

Conviene recordar que el Ejecutivo canario, como el conjunto de gobiernos autonómicos, se encuentra sin el paraguas de una normativa estatal clara. Pedro Sánchez y su gabinete perdieron la ocasión de sacar un texto legislativo específico y ahora estamos pagando las consecuencias de esa decisión. Más grave es esa omisión si recordamos que incluso desde la oposición -en concreto desde el Partido Popular- se le tendió la mano para ello. Y peor aún: se lo volvieron a reclamar varios presidentes autonómicos en el último encuentro telemático. La respuesta de Moncloa fue la misma: absolutamente nada.

Esta sexta ola está confirmando que su nivel de contagiosidad es más elevado que en anteriores repuntes, mientras que la letalidad está siendo muy acusada en Canarias. Sin ir más lejos, ayer se anotaron registros escalofriantes: once muertes y un nuevo récord diario de contagios, con 5.369 personas.

Es cierto que el elevado porcentaje de vacunación contribuye a que los ingresos hospitalarios y la ocupación de camas en UCI sea menor que en otros episodios pero ya Tenerife ha llegado a nivel 4 y Gran Canaria se enfrentará en breve a una situación similar si no se contiene la espiral de casos. Hay además otro efecto que va más allá de lo que miden los parámetros oficiales y que ya es evidente en el archipiélago, y en general en toda España: los servicios de Atención Primaria se encuentran al borde del colapso, con sus profesionales desbordados y casi sin posibilidad de atender otras patologías.

Con todos esos ingredientes en la coctelera, cuantos menos cambios en la normativa haga el Gobierno, mejor para que el ciudadano tenga claras las reglas del juego. Por desgracia lo que hemos visto es todo lo contrario, especialmente cuando se trata de afrontar el más que evidente problema de contagios que vive la isla de Tenerife.