Opinión

Demasiado grande para caer

08/06/2017
«El interés por la economía irrumpió al alimón de una multitud de publicaciones y películas».

En un tiempo reciente en el que los poderes públicos tuvieron que rescatar a los bancos en medio mundo fruto de la crisis financiera de 2008, es duro digerir ahora que el Banco Santander compre por tan solo un euro el Banco Popular. Y cuesta imaginar que detrás de esta operación no hayan discurrido influencias institucionales y oportunos muñidores políticos por aquello de evitar el riesgo sistémico consistente en la máxima de que hay entidades que son demasiado grandes para caer. Detrás de una noticia que contiene un asunto de fondo eminentemente técnico y que se le escapa, como es natural, a la mayoría de opinión pública, aflora (otra vez) la resignación ciudadana sobre cómo controlar los grandes traspasos de poder financiero.

Con motivo de la doble recesión experimentada por último, el interés por la economía irrumpió con fuerza al alimón de una multitud de publicaciones y películas que trataban de narrar los entresijos del estallido financiero simbolizado, con especial ahínco, en la caída de Lehman Brothers. El largometraje Margin Call (2011) es imprescindible para acercarnos al abismo que supuso la acelerada contracción económica que luego fue mutándose en crisis social y política a ambos lados del Atlántico.

Comprar por un euro una entidad bancaria entronca con la indignación de que no se rescaten a las personas. Mejor dicho, que aquellas que han quedado abandonadas a su suerte al calor del despido laboral o bien aquellas que han acabado entrampadas en deudas también tengan derecho a una segunda oportunidad. La deuda hay que honrarla, pero hay deudas y deudas en función de quién sea el deudor. Y, visto lo visto, ya es evidente que hay deudores más poderosos que otros; resulta una paradoja injusta pero es lo que hay. Y mucho me temo que la mayoría de las familias no tienen a su disposición la misma dosis de clemencia que el mercado tiene con los bancos. Sin ir más lejos, pensemos en la oleada de desahucios que se ha llevado a cabo en los últimos cursos y que hasta el otro día protagonizaba la entrada al telediario. Que se haya producido un silencio en determinados medios de comunicación no significa que la problemática haya desaparecido.

Hace tiempo que se habla de la necesidad de una reestructuración del sector bancario. El tipo de interés del dinero en función de la política monetaria del Banco Central Europeo y la digitalización no ayudan a mantener el nivel de antaño. Ya no es tan negocio como lo era antes. Y se apunta con frecuencia a que vamos a un abanico de entidades más reducido. Pero lo del Banco Popular levanta todas las discordias.