El rey Felipe VI en Bolivia / Martin Alipaz

El cuajo del Rey

Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

El aguante del Rey es encomiable. En todo. En la vida personal, si eso existe, y en la pública. Aquel desprecio que vimos en la manifestación de Barcelona tras el atentado de las Ramblas es lo que aguanta de este Gobierno. También puede ser imperturbabilidad, tranquilidad, entereza, resistencia, cuajo o cachaza. La fuerza de la imagen y el sonido en su visita a Bolivia quizá exageren lo que ha pasado allí. La foto del Monarca con dos señores al lado y el puño en alto. Por otro lado, la ejecución de un himno que sonaba peor que los de la tuna de 'Acacias 38' cantando sevillanas. Sí que fue una ejecución del himno. Más valdría que hubiera sonado el de Riego, como en alguna ocasión tenística, que ese chunda chunda indescriptible. Y quizá también es mejor que el presidente del Gobierno considere que no debe despachar con el jefe del Estado todas las semanas. Con los seis meses del estado de alarma ya dijo que tenía demasiadas cosas que hacer. Una de esas cosas no es ir a ver al Rey. Mejor para este.

Lo de la exageración. Uno de los hombrecillos del puño en alto era el presidente del Senado (el otro, de la Cámara de Diputados). Es del partido de Evo Morales y había saludado a don Felipe en el aeropuerto inclinando el cuerpo hacia adelante mientras se llevaba la mano al corazón. Que si quieres arroz. Lo criticaron como si hubiera sido López Vázquez con Katia Loritz: «Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo». Entre lo que tiene que aguantar el Rey está Pablo Iglesias, que dijo en la tele que era un honor estar con la delegación del Gobierno español. Y esto: «Nos acompaña el jefe del Estado y la ministra de Exteriores». Amárrame los pavos. Nos acompaña. Resistencia y mucho cuajo...