Primera plana

Antona ante los suyos

05/01/2019

Pablo Casado estuvo ayer en Gran Canaria para arropar a Asier Antona en su puesta en escena como candidato a la Presidencia el próximo mes de mayo. A Casado hay que reconocerle que no ha ejercido una revancha interna desde que ganara a la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría (que fue la más votada en la primera vuelta y con voto directo de los afiliados a diferencia de la posterior elección entre delegados) sino que asume el equipo de líderes territoriales que el PP tiene. Por supuesto, esta actitud de Casado es más inteligente que emprender limpiezas internas que solo ahondan en la división. Pero al tiempo lo hace no por una especie de solidaridad sino por la convicción de que los necesita. Si el mandamás de los populares quiere llegar a La Moncloa primero tendrá que tener a su favor el respaldo de gobiernos autonómicos. Dicho en plata, ahora mismo Casado necesita más a Antona que este a su jefe en Madrid.

Si a Antona por edad le hubiese tocado hacer política durante la Transición, hubiese sido un hombre de UCD. Un dirigente capaz de sentarse a hablar tanto con democratacristianos como con liberales o con aquella rama de socialdemócratas guiada por Francisco Fernández Ordóñez. Es más, prosiguiendo con el guion de viaje por la historia reciente, él hubiera sido fiel a la organización y no hubiera entrado en aquellas batallas que proliferaron en torno a Adolfo Suárez que desembocaron en su dimisión en enero de 1981. Digo esto porque Antona, nada más tomar el mando del PP en Canarias, se topó con las maniobras de algunos por destartalar su poder regional hasta el punto de que promovieron procedimientos judiciales. Y ya se sabe que lo que entra en un juzgado suele acabar luego peor, no es precisamente la manera más elegante de hacer las paces con los tuyos. Con todo, esto le ocurrió porque unos pensaron que serían los elegidos llegado el momento para administrar la herencia política de José Manuel Soria y, por el contrario, nunca contaron con su final precipitado y abrupto.

Así las cosas, cabe anticipar cuál será la próxima jugada de sus adversarios: juzgarlo si vienen mal dadas para los populares en Canarias por aquello de que, ahora sí, entrará Ciudadanos en el Parlamento y puede incluso que Vox. Lo harán pase lo que pase porque soterradamente en esa potencial crítica estará el afán por reemplazarlo y no por asumir que la posición electoral del PP no será la de antes. Si entonces, en unos meses, Antona logra que Ciudadanos no le supere, ni siquiera se lo reconocerán. A él le es igual porque en Génova sí lo harán.