Díaz durante su visita este viernes a Bilbao para presentar su proyecto 'Sumar'. / E. P.

Del triunfo de los «ayuntamientos del cambio» a la posible desaparición en la política local

Podemos enfrenta en solitario y a la desesperada las citas municipales y autonómicas del próximo año tras la renuncia de Yolanda Díaz a lanzar su plataforma ciudadana antes de los comicios de mayo

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZ Madrid

Las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo se presentan como una prueba de fuego para Podemos, cuyo desplome territorial y local solo ha quedado maquillado por su presencia en el Consejo de Ministros. Yolanda Díaz, la gran apuesta a la izquierda del PSOE, ha renunciado a presentar su proyecto Sumar a estos comicios con el fin de preservar su marca de nuevo cuño para las generales de 2023. Y con ello, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo ha dejado huérfano a nivel local al mismo partido que la ungió como su próxima candidata a la Presidencia del Gobierno.

Pese a este plantón en toda regla, desde la dirección de Podemos se intenta transmitir optimismo. Se asegura que el paso al lado de Díaz en ningún caso restará expectativas de cara a los comicios de mayo. Se insiste en que la vicepresidenta cuenta con todo el apoyo de cara a las generales, en las que Podemos pondrá «toda la maquinaria en marcha» a favor de Díaz. En lo que concierne a las municipales y autonómicas, la formación que dirige la ministra Ione Belarra afirma que «todo está preparado» y se tiende la manos a nuevas alianzas, en las que Izquierda Unida gana vez más peso como socio imprescindible. El papel que pueda jugar Más País, el partido de Íñigo Errejón, es aún una incógnita.

Tras los comicios de 2015, las marcas locales asociadas a Podemos llegaron a gobernar Madrid, Barcelona, A Coruña, Santiago de Compostela, Zaragoza o Cádiz. Siete años después, solo las capitales catalana y gaditana permanecen en poder del espacio político que, en palabras de Iglesias, nació para «asaltar los cielos». Pese a la voluntad expresada de «pelear por cada voto», los pronósticos no son nada halagüeños para la formación izquierdista. «Ya en 2019 Unidas Podemos perdió en las municipales entre un tercio y la mitad de sus votos y ahora afronta 2023 en un contexto adverso para la izquierda», valora Pablo Simón, profesor de Ciencia Política en la universidad Carlos III de Madrid. A ello se suma, añade el politólogo, el problema de que en las coaliciones «el socio menor suele ser barrido por el mayor». Un ejemplo de esta regla no escrita de la política se dio en Castilla La Mancha en 2017. El presidente Emiliano García Page, uno de los barones socialistas más crítico con Pedro Sánchez por sus alianzas a la izquierda, incluyó en su Gobierno a dos diputados autonómicos de Podemos para salvar los Presupuestos. En las autonómicas de 2019, Page obtuvo la mayoría absoluta y la formación morada desapareció del mapa en Castilla La Mancha. El miedo en Podemos es que esto se reproduzca en los muchos municipios y ciudades en los que ahora gobierna junto a los socialistas.

Preocupación en el PSOE

Yolanda Díaz parece en algunos momentos y declaraciones más cercana al PSOE que a Podemos. Más aún a partir de que Pablo Iglesias hiciera públicas sus diferencias y renegase de haberla propuesto como candidata a la Presidencia a modo de sucesora. Fuentes socialistas evitan pronunciarse sobre la relación entre la ministra de Trabajo y la formación morada, aunque reconocen su preocupación ante un posible colapso de sus socios de Gobierno.

En Ferraz son conscientes de que hay muchos votantes progresistas que no les votarán por considerarles un partido demasiado al centro y podrían acabar en la bolsa de la abstención en el caso de que el espacio de Díaz, Podemos, Izquierda Unida e, incluso, Más País no despegue. De ser así, los socialistas podrían perder gobiernos como el de la Comunidad Valenciana, Aragón y La Rioja en beneficio de una alianza del PP de Alberto Núñez Feijóo y Vox. Apuntaría al principio de una debacle en las generales que desalojaría a Pedro Sánchez de la Moncloa, la mayor pesadilla del PSOE a día de hoy.

A favor de la izquierda juega el reconocimiento mutuo entre el presidente del Gobierno y su vicepresidenta segunda, una relación política que se ha ido cimentando a lo largo de esta legislatura. Antes de forjarse la coalición, Díaz no ocultaba las críticas al líder socialista, al que en las negociaciones de cara a la segunda investidura fallida de Sánchez en 2019 reprochaba una manifiesta falta de consideración hacía el espacio político de Unidas Podemos. Después, hubo una repetición electoral, la izquierda pactó en tan solo 24 horas una investidura de Sánchez que antes les ocupó meses de negociaciones frustradas y ahora PSOE y Unidas Podemos se necesitan mutuamente para mantener su poder a nivel local, autonómico y nacional. «El problema de un mal resultado para toda la izquierda en las municipales y regionales es que los pueden arrastrar hasta las generales», concluye Pablo Simón.