El presidente del Govern Pere Aragonès. / Reuters

Aragonès arropa a Puigdemont y evita dinamitar los puentes con Sánchez

El presidente del Govern afirma que la detención del líder de Junts no ayuda al diálogo y anuncia que esta tarde viajará a Cerdeña a arropar al expresidente

CRISTIAN REINO Barcelona

Todos los sectores del independentismo hicieron este viernes una defensa cerrada a favor de Carles Puigdemont. Exigieron su libertad absoluta para poder regresar a casa y reclamaron a la justicia que entierre para siempre las órdenes de extradición.

El secesionismo arropó al expresidente tanto desde las instituciones como desde la calle. El Govern catalán en pleno, con Pere Aragonès a la cabeza, compareció desde el Palau de la Generalitat, para lanzar un mensaje de apoyo rotundo. «Libertad, presidente Puigdemont es el clamor de una mayoría de la sociedad catalana, es el clamor del Govern y también el mío», afirmó desde la galería gótica, con todos sus consejeros detrás.

Pere Aragonès y su vicepresidente, Jordi Puigneró, viajaron además al Alguer para estar cerca del expresidente. La presidenta del Parlament, Laura Borràs, también se desplazó a Cerdeña, junto a una representación de los partidos nacionalistas. Y en las calles además, hubo movilizaciones durante todo el día. A primera hora, frente al Consulado italiano en Barcelona y a última hora de la tarde, con concentraciones en las principales plazas de Cataluña, entre ellas la plaza Sant Jaume de la ciudad condal, al grito de «Puigdemont, el nostre president» y «no a la mesa». Para este domingo, la ANC ha convocado en la plaza de Cataluña de Barcelona.

Donde ya no hubo tanta unidad es en los mensajes que enviaron unos y otros. El presidente de la Generalitat intentó hacer equilibrios entre las diferentes sensibilidades del independentismo para tratar de blindar al Govern del impacto que ha provocado la detención de Puigdemont y que llega cuando las crisis entre ERC y Junts por la mesa de diálogo y El Prat aún no han cicatrizado. Aragonès cargó contra el Estado al que acusó de haber engañado a la justicia europea, de buscar la venganza y de practicar la represión y la persecución del movimiento independentista. «La represión solo acabará con la amnistía y la autodeterminación», avisó. Exigió la libertad del expresidente y el fin de las euroórdenes y avisó al Gobierno de que la detención «no ayuda» al proceso de diálogo, porque no contribuye a crear las condiciones para «generar confianza» entre las partes.

Aragonès, en cualquier caso, admitió contactos a lo largo del día con la Moncloa. Y evitó cargar contra la mesa, como hicieron los dirigentes de Junts, como Puigneró, Borràs o Sànchez, que aseguraron que la detención demuestra que la mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat es una vía «inútil».

La división entre ERC y Junts ya se hizo patente a primera hora, en la manifestación convocada de urgencia frente al Consulado de Italia en Barcelona, a la que no acudió ningún consejero del Govern de ERC. Todos los consejeros presentes, incluido el vicepresidente Jordi Puigneró, eran de Junts. Era un ejemplo de cómo afrontan las dos formaciones la crisis que se abre tras la detención de Puigdemont. El otro ejemplo fue que antes de la reunión del Govern en el Palau de la Generalitat, los consejeros de Junts realizaron su propia reunión en la sede del Gobierno autonómico, escenificando que son un Govern dentro de otro Ejecutivo.

Los postconvergentes quieren aprovechar la oportunidad para imponer su estrategia de confrontación y desestabilización. Abogan por dinamitar la mesa de diálogo, de la que ya estaban excluidos, y también por que el independentismo deje de respaldar la gobernabilidad española. ERC, en cambio, pide prudencia. Oriol Junqueras avisó que el arresto «pone en peligro» la mesa de diálogo, pero defendió al mismo tiempo que el secesionismo tiene una «responsabilidad política» por «intentar avanzar» en la resolución del conflicto por la vía de la negociación. «Hay que aprovechar (el diálogo) hasta el final», dijo. Está por ver si los republicanos aguantan la presión para seguir con la estrategia de mano tendida en Madrid. De momento, ERC está fracasando en su intención de que Puigdemont dejara de estar en el centro del tablero.