Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. en una de sus intervenciones durante el confinamiento. / EFE

Seis meses de desencuentros

Crece el abismo. La pandemia del coronavirus, lejos de acercar al PSOE y al PP, ha consolidado su enfrentamiento

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

Hace seis meses, un 14 de marzo, el presidente del Gobierno declaró el estado de alarma ante la pandemia del coronavirus. Una crisis nacional que, sobre el papel, debería haber acercado a Gobierno y oposición. Medio año después, la sima no ha hecho más que ahondarse. El inicio del curso parlamentario ha certificado que nada ha cambiado en la política española. Ni la peor pandemia que ha vivido el país en los últimos cien años ha suavizado el enfrentamiento entre el Gobierno y el principal partido de la oposición.

Las dos veces que Pedro Sánchez y Pablo Casado se han reunido en este tiempo –una por videoconferencia y otra en la Moncloa hace apenas diez días– han podido constatar que sus desencuentros son crecientes.

El primero, sobre la renovación de los órganos constitucionales que permanecen desde hace años en funciones, como el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional o el Defensor del Pueblo. La negativa del PP a abordar la composición de las instituciones con el argumento de que Unidas Podemos cuestiona el «régimen constitucional» se lee en la Moncloa como síntoma de una «actitud obstruccionista».

En el Ejecutivo califican de «excusas» los recelos de los populares respecto a la formación morada y advierten de la solidez de la coalición. Es el socio de Gobierno y así va a seguir. Según el presidente, porque «Podemos cumple la Constitución y el PP, no». El líder de la oposición ha censurado en todo momento las alianzas de Sánchez y que haya convertido a Pablo Iglesias, «que decía que había que iniciar un proceso constituyente», en el sostén del Gobierno, y a Oriol Junqueras, «que desde la cárcel le hace sentarse en una mesa por la autodeterminación».

Las relaciones entre ambos se han visto enrarecidas también por la sintonía del PSOE con los independentistas catalanes, que en Génova interpretan como una cesión. Desde su desembarco en la Moncloa, el socialista ha afirmado que la única vía para abordar el conflicto territorial catalán es «la solución dialogada». Bajo esa premisa y para posibilitar la abstención de ERC en su investidura, Sánchez acordó poner en marcha una mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat. La única reunión de la mesa se celebró en febrero, antes del inicio de la crisis del coronavirus. La siguiente cita del foro estaba prevista para julio, pero no será hasta este mes cuando se cierre la fecha, después de que el presidente descolgase el teléfono para hablar con Quim Torra, como acordó con el portavoz de Esquerra, Gabriel Rufián.

El Gobierno apuesta por este movimiento después de meses queriendo centrar la cuestión en la respuesta política a la crisis económica derivada por la pandemia con vistas a las cuentas publicas. Sánchez no quiere taponar ninguna vía y busca mantener abiertos todos los cauces de diálogo con Esquerra y con Ciudadanos, ignorando los llamamientos de republicanos y liberales para que elija entre uno de los dos para sacar adelante los Presupuestos.

Mayoría alternativa

Aunque desde el Ejecutivo se insiste un día sí y otro también al PP para que rectifique su «no absoluto» a pactar las cuentas de 2021 para que los Presupuestos de Cristóbal Montoro pasen a mejor vida, la posición de los conservadores, a día de hoy, es inamovible. Los populares tienen muy claro que los Presupuestos son el principal instrumento legislativo y político de un Gobierno, y no tendría sentido que la oposición los apoyara, incluso en esttos delicados momentos.

La evidencia además de que existe una mayoría alternativa con la que el Ejecutivo puede sacar el proyecto presupuestario –PNV, Ciudadanos y los grupos minoritarios han mostrado su disposición a pactar– permite a Casado rechazar cualquier pacto con Sánchez sin comprometer la aprobación de unas cuentas públicas que la Unión Europea reclama. Los populares saben además que de hacerlo dejarían en manos de Vox el liderazgo de la oposición.

El líder socialista sabe que no hay ninguna posibilidad de que los Presupuestos se aprueben con el voto a favor del PP. Pero con su presión a Casado busca acusarlo de mirar por sus intereses en un momento grave para el país, y cargarse de razones para las futuras concesiones –económicas al PNV y políticas a Unidas Podemos–, argumentando que si los populares le hubieran apoyado no habrían sido necesarias. «No nos pida arrimar el hombro al precipicio para salvarse, cuando quiera hacer algo bueno para los españoles nos tendrá a su lado. Mientras tanto nos tendrá enfrente», le advirtió Casado el pasado miércoles.

Con la pandemia como telón de fondo, el líder del PP y el presidente del Gobierno se han emplazado durante estos meses a sellar acuerdos pero sin prescindir en ningún momento de la crítica al contrario. Sánchez intentó impulsar una suerte de Pactos de la Moncloa para abordar la reconstrucción económica y social del país, que Casado consiguió convertir en una comisión en la Cámara baja, que echó el cierre tras dos meses de trabajo con un acuerdo de mínimos.