Pedro Sánchez, interviene en la sesión de control al gobierno en el Congreso. / EFE

Sánchez justifica el cese de Esteban por «fallos» de seguridad y pasa a atacar al PP

Feijóo acusa al presidente de convertir una riña con sus socios en una «crisis de Estado», pero sigue con la mano tendida para llegar a acuerdos

PAULA DE LAS HERAS | MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

Las tensiones cambiaron este miércoles de bando. Si la última sesión de control al Ejecutivo, hace dos semanas, convirtió el Parlamento en un ring de boxeo entre Pedro Sánchez y los ministros socialistas, por un lado, y buena parte de sus aliados habituales, por otro, este miércoles, después de que el presidente del Gobierno entregara la cabeza de la directora del CNI, el combate viró hacia la oposición; fundamentalmente hacia el PP, pero también hacia Ciudadanos.

Los dos partidos habían defendido con denuedo a la jefa de los espías cuando, tras su comparecencia ante la comisión de secretos oficiales, los socios del Ejecutivo elevaron el tono y extremaron la exigencia de responsabilidades. Solo ellos y Vox respaldaron los argumentos del PSOE y concluyeron que las explicaciones ofrecidas sobre el espionaje, en 2019, a 18 personas vinculadas con el independentismo -entre ellas Pere Aragonès- habían sido plenamente satisfactorias y que las dudas sobre el escrupuloso respeto de los servicios secretos al Estado de Derecho eran infundadas.

Eso mismo es lo que defendían, hasta el día antes del cese, los socialistas. Eso y que, en palabras de su portavoz, Felipe Sicilia, no había «ni una sola razón» para que Paz Esteban no siguiera en su puesto. El presidente, sin embargo, se justificó hoy y replicó a quienes le acusaron de haber castigado injustamente a una mujer «con una hoja de servicios intachable» y «arrastrado por el suelo» su nombre para mantenerse en la Moncloa -la popular Cuca Gamarra y el liberal Edmundo Bal- con el argumento de que se ha producido un «claro fallo» en la seguridad de las comunicaciones del Gobierno.

Sánchez justificó así su polémica decisión con el descubrimiento, supuestamente realizado a raíz de una investigación abierta ante la presión de los independentistas, de que su móvil, el de la ministra de Defensa y el del ministro del Interior resultaron infectados con 'Pegasus' en mayo y junio de 2021. Pero, en realidad, dedicó poco tiempo a hablar de lo que, como Margarita Robles la víspera, calificó de «relevo» y no de cese. El grueso de sus intervenciones se consumieron en una ofensiva sin cuartel contra el PP, con el 'caso Kitchen' y 'Gürtel' como artillería.

«Con este Gobierno ni los fondos públicos ni las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ni los servicios de inteligencia se han utilizado ni se utilizarán para tapar hechos delictivos ni para perseguir a adversarios políticos fuera de la ley», dijo. Incluso argumentó que, a diferencia de lo que ocurría con el PP, «ahora los mangantes no están en el Gobierno». No fue menos corrosivo con Bal, que utilizó como reproche al Ejecutivo su propia experiencia como abogado del Estado destituido por defender que en el 'procés' sí hubo rebelión. «Debe ser muy duro ser tan bueno y que no se lo reconozcan cuando llegan las elecciones», disparó el presidente.

«Inmolación»

Las descalificaciones del presidente indignaron a Alberto Núñez Feijóo, quien, sin asiento en el Congreso para rebatir a Sánchez, censuró la destitución de Esteban «sin una sola explicación» y como «chivo expiatorio» de la crisis del espionaje. El PP incide en que lo vivido en estas semanas «erosiona los cimientos de nuestra democracia» y sitúa a Sánchez «al borde del precipicio» tras rendirse a las exigencias de unos socios «que se han demostrado insaciables». «Estamos asistiendo en vivo y directo a una inmolación del Gobierno que está dañando seriamente a España», aseveró Feijóo.

En Galicia, donde asistía a la investidura de su sucesor en la Xunta, el líder de los populares acusó al presidente, al que ve «desorientado» y «superado», de encabezar «el peor Gobierno de la democracia» y de convertir un «problema» con sus socios en una «crisis de Estado» que debilita las instituciones. Con todo, Feijóo mantiene su disposición a llegar a acuerdos de país. Busca así un equilibrio entre una oposición crítica y el «sentido de Estado». «Que Sánchez haya decidido debilitar las instituciones no significa que nosotros lo vayamos a hacer», sentenció.