Sánchez se atribuye un papel clave en la decisión de la UE de dejar atrás la austeridad

El presidente del Gobierno obvia el cambio de actitud de Alemania y blande su intervención en el primer Consejo Europeo tras el confinamiento

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

El relato de Pedro Sánchez sobre las diferencias entre cómo gestionó hace una década el PP la crisis financiera, con recortes del gasto público que afectaron a la sanidad o la educación, y cómo ha gestionado su Gobierno la derivada de la pandemia de covid-19 primero y la guerra en Ucrania después, siempre ha chocado con un condicionante al que el jefe del Ejecutivo evitaba hacer mención: la importancia, en un caso y el otro, de la estrategia impuesta por la Unión Europea, que en 2020 acordó «el mayor paquete de estímulo jamás financiado». Este viernes, sin embargo, Sánchez negó que pueda considerársele un mero beneficiario de la actual coyuntura.

El presidente del Gobierno argumentó, en un acto organizado por eldiario.es, en Valencia, que el 26 de marzo de hace dos años, dos semanas después de que comenzara el confinamiento decretado para contener los contagios de coronavirus, el Consejo Europeo celebró una reunión por videoconferencia en la que él plantó cara a quienes «querían reeditar los esquemas de condicionalidad de 2012», es decir, la exigencia de recortes en pensiones o derechos laborales a cambio de la asistencia financiera de la UE, que finalmente acordó entregar a España 140.000 millones de euros, como parte de lo fondos de recuperación, de los que la mitad son no reembolsables.

«No nos rendimos hasta lograr una respuesta en la que nos pudiéramos sentir representados», presume

«Dimos la batalla, como hemos hecho después a la hora de conseguir algo que parecía imposible como es un mecanismo ibérico para defender a la clase media y trabajadora y a muchas industrias aquí presentes y como la estamos dando ahora abogando por una reforma del mercado eléctrico que nos permita contener los precios de la luz y los precios del gas - argumentó-. No nos rendimos hasta vencer resistencias, hasta forjar una respuesta resistente y solidaria en la que nos podíamos sentir reconocidos».

El «vértigo» de 2010

La crisis financiera no fue solo gestionada por el PP. Antes fue el socialista José Luis Rodríguez Zapatero quien tuvo que hacerle frente y quien, como relató después en su libro 'El dilema. 600 días de vértigo', sufrió unas presiones desconocidas en esta etapa para ajustar las cuentas de España y evitar un colapso. «He tenido que despertarme durante estos meses con la inquietud de qué ocurriría si los mercados dejaban de financiarnos por sus dudas sobre la fiabilidad y la solvencia a largo plazo de nuestras cuentas y he tenido que tomar medidas« se justificó ante sus socios de la izquierda en el mismo debate de 2010 en el que anunció la congelación de las pensiones y la reducción en un 5% del sueldo de los funcionarios. Meses después impulsó una reforma de la Constitución, la del artículo 135, para imponer como prioritario a cualquier otro pago el pago de la deuda.

Dar «la batalla» para evitar un tijeretazo al gasto público que chocaba de frente con su ideología no sirvió de nada a Zapatero porque la crisis tenía una naturaleza diferente y, sobre todo, porque el puño de Alemania permanecía firmemente cerrado. En 2020, en cambio, la posición de la canciller Angela Merkel era bien distinta y desde el primer momento marcó distancias con los países frugales -Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Austria y Suecia- que, como contribuidores netos de la UE, se oponían a incrementar el presupuesto y las transferencias no reembolsables.

El actual escenario permite a Sánchez y al conjunto del PSOE afrontar el próximo año electoral, con autonómicas y municipales en mayo y generales a final de 2023, en unas condiciones muy distintas a las de 2011. Y está decidido a aprovecharlo confrontando dos modelos ideológicos, como ha vuelto a quedar en evidencia esta semana, con el anuncio de un impuesto a las grandes fortunas que los socialistas rechazaban hace poco más de tres meses. «Donde hubo amnistías fiscales -proclamó en Valencia-habrá reformas para que paguen más los que más tienen».