El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, durante la manifestación para conmemorar el 5º Aniversario del referéndum ilegal de autodeterminación. / ep

Puigdemont empuja a Junts a salir del Govern en el quinto aniversario del 1-O

La conmemoración del referéndum escenifica la ruptura del movimiento nacionalista, con gritos de «Govern, dimisión» y pitos contra Forcadell

CRISTIAN REINO Barcelona

Cinco años después del referéndum ilegal del 1-O, el independentismo está roto. La unidad política y estratégica que permitió a Puigdemont y Junqueras lanzar el mayor desafío desde Cataluña contra el Estado en 40 años de democracia, se ha evaporado. Lo que fue una ilusión para miles de catalanes, para cerca de la mitad de la sociedad catalana que creyó que la secesión era posible, se ha convertido en una lucha sin cuartel entre las dos fuerzas mayoritarias del nacionalismo, en pugna por el poder. El Govern pende de un hilo. Tiene las horas contadas. Y ni el quinto aniversario del 1-O calmó los ánimos. Más bien al contrario.

Los actos convocados para conmemorar el referéndum ilegal fueron un fiel reflejo de cómo está el independentismo: dividido por todos lados. El Govern tuvo que suspender un evento oficial con todos los miembros del ejecutivo para reivindicar el 1-O y lo tuvo que sustituir por un discurso institucional del presidente de la Generalitat. Hubo además una protesta de la ANC en la plaza Sant Jaume, que pidió la dimisión del Govern, y sobre todo tuvo lugar una concentración en el Arco del Triunfo de Barcelona, organizada por el Consejo para la República, que preside Puigdemont, con el apoyo de la ANC y Òmnium Cultural.

Acudieron cerca de 11.000 personas, según cifras de la Guardia Urbana, 60.000, de acuerdo a las estimaciones de la organización. No fue nada masiva. No estuvo Pere Aragonès, pero sí dos consejeros de ERC, así como todos los de Junts, miembros de las ejecutivas de estos dos partidos, además de dirigentes de la CUP y de las entidades soberanistas. Hubo una sonora pitada contra Marta Rovira y contra Carme Forcadell (ambas de ERC), gritos de «Govern dimisión» y una gran ovación para Carles Puigdemont.

El acto sirvió al expresidente para fijar posición en el debate sobre si Junts debe dejar el Govern. El dirigente nacionalista fue muy duro con el Gobierno catalán. En plena negociación con ERC, dinamitó todos los puentes. Si había alguna posibilidad, Puigdemont, vitoreado al grito de «presidente, presidente», la reventó. El expresidente, huido en Waterloo, exigió a Aragonès que se ponga al «servicio» del mandato del 1-O, «ya toca», dijo, y que si «no avanza», el Consejo para la República, o sea, él mismo, se pondrá al frente del movimiento. «Alguien tiene que preparar lo que se dice ir de verdad», afirmó. Advirtió además al president de que la única mesa de diálogo que tiene que contemplar es entre partidos independentistas y le avisó de que no hace falta otro referéndum, como había defendido en su discurso institucional como president desde el Palau de la Generalitat. «Ya lo hicimos, ya votamos», dijo tras cargar contra los «ilusos enterradores» del 'procés'. Hablaba de Madrid, pero también se dirigía a ERC.

Agencias

El acto cogió por momentos un tono tan crispado, que cuando intervinieron Forcadell o el presidente de Òmnium, que fueron abucheados, mucha gente se marchó antes de que acabara los discursos. Puigdemont ni siquiera recriminó a quienes pitaron a Forcadell, condenada por sedición y e prisión más de mil días. Al cierre de esta edición, una columna de manifestantes procedentes del Arco del Triunfo se dirigía al Parlament con antorchas y proclamas contra el Govern. Un clima poco propicio para la negociación entre ERC y Junts, con la ANC hablando en su discurso de elecciones anticipadas y de su intención de presentar una candidatura propia.

Consulta de Junts

Los postconvergentes dieron 72 horas al presidente de la Generalitat para llegar a un acuerdo que evite la ruptura del gobierno. Junts anunció una consulta entre su militancia para decidir la salida del Govern el 6 y 7 de octubre. Junts trasladó una primera propuesta de acuerdo a ERC, con cuatro condiciones: restituir a Puigneró y crear una dirección estratégica independentista e integrar en ella al Consejo para la República tal y como exige Puigdemont, replantear la mesa de diálogo, y unidad de acción de ERC y Junts en el Congreso.

El presidente de la Generalitat rechazó de plano la restitución de Jordi Puigneró como vicepresidente. En una entrevista en 'La Vanguardia' afirmó que es evidente que la propuesta de Junts está pensada para no llegar a ningún acuerdo. El jefe del Ejecutivo instó a sus socios a que tomen una decisión rápida y que sea definitiva: «Y, si no lo hacen, la tomaré yo», avisó.