El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. / EFE

El PP halla en la crisis de Vox un incentivo para concentrar el voto útil contra Sánchez

Los populares ironizan con que Abascal ya le hizo 'un Olona' a Rajoy e inciden en que Andalucía descubrió a los votantes que «Feijóo es el camino más corto para desbancar» al presidente

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

El pasado 6 de mayo, ante el selecto auditorio del Cercle d'Economia al que trasladó su modelo para recuperar la Moncloa y reverdecer los tiempos más airosos del PP en Cataluña, Alberto Núñez Feijóo cifró en «el 16 o el 17%» el porcentaje de votos huidos a las filas de Vox que precisa rescatar para poder gobernar España con una mayoría suficiente. O lo que lo mismo, en solitario, sin las incómodas ataduras con la ultraderecha que se vienen evidenciando ya en el Ejecutivo de Castilla y León.

Si se toman como referencia las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019, cuando los de Abascal volaron hasta los 3,6 millones de papeletas frente a un PP que apenas rebasó los cinco, Feijóo necesitaría pescar unos 600.000 sufragios en los caladeros de Vox, hoy en mal momento por el divorcio con Macarena Olona. Un desafío notable cuya conquista ganó crédito en Génova a raíz de las autonómicas andaluzas del 19-J: el trasvase de electores más a la derecha hacia la candidatura de Juanma Moreno sobrepasó el 31%, según el CIS.

El escrutinio que avivó la hipótesis de un cambio de ciclo político ratificó a Feijóo en la convicción de que es posible alcanzar la Moncloa no sumando con Vox, sino aglutinando el voto del descontento con el Gobierno de Pedro Sánchez a través de una estrategia y un discurso propios, reconocibles frente a la extrema derecha. Pero aquella noche electoral de hace tres meses destapó algo más, al PP y al conjunto del arco político: la cita con las urnas en Andalucía –la comunidad en la que Vox descubrió su potencial irrumpiendo con 12 escaños en 2018– fue la primera en la que el voto reactivo para frenar a Abascal y los suyos no nutrió a las izquierdas sino que alimentó la histórica mayoría absoluta del PP. Hubo un último hallazgo aquella velada triunfal para los populares: «Vox solo puede crecer a nuestra costa. Nosotros podemos hacerlo a costa de Vox, de Ciudadanos, del PSOE e incluso de Podemos por el reparto de escaños», describen en Génova.

Andalucía ha representado para Vox la miel y la hiel. La apuesta por la ruidosa candidatura de Macarena Olona, de la que hoy ni la exdiputada ni nadie en su ya antiguo partido parecen hacerse cargo, cosechó dos parlamentarios y 97.000 escaños más que en 2018. Pero la apabullante mayoría absoluta de Moreno envió a la irrelevancia las expectativas de Abascal y Olona de maniatar al PP hasta las generales de 2023. El 19-J no solo sumió a Vox en una inesperada atonía; ha terminado por abrir la caja de los truenos que la dirección de la derecha radical y su exdiputada habían acallado en falso entre abrazos y besos, trajes de faralaes y el mitin junto a la estrella ultra del momento, la italiana Giorgia Meloni.

Crisis interna

Sabedores en propia carne de lo que significa padecer una crisis interna –la que descabezó en febrero a Pablo Casado fue mucho más severa que la, por ahora, escaramuza de Olona–, los de Feijóo solo se permiten una maldad ante la primera tormenta doméstica que afronta Vox: «Que alguien de un partido intente desestabilizarlo ha ocurrido muchas veces, ya lo hizo Abascal con Rajoy», malician en Génova. Los populares no aventuran el desenlace de las debilidades que han aflorado en sus rivales, pero se han encontrado con una vía más, sobrevenida, para capitalizar el voto útil de todo el centro-derecha en un escenario cada vez más polarizado entre Sánchez y Feijóo.

El equipo del dirigente gallego enlaza la 'crisis Olona' con la noche electoral andaluza, el instante en el que el PP logró fijar, según cree, un clavo en la pared de los votantes: que «Feijóo es el camino más corto para desbancar a Sánchez». En su medio año al frente del primer partido de la oposición, el expresidente de la Xunta ha evitado retratarse junto a Abascal con un reto en el horizonte: alcanzar una «mayoría incontestable» en las generales, previo examen de municipales y autonómicas de mayo. Una mayoría que meta distancia con respecto a Vox y sume más que la izquierda como para lanzarse a gobernar en solitario. Esa era la diana en Andalucía, antes de que Moreno reventara el tablero.