Quim Torra, en su despacho. / Efe

La negativa de Torra a convocar elecciones las aplazaría a febrero

Si el president renuncia a disolver el Parlament antes de su inhabilitación sumirá el escenario politico catalán en un desconcierto mayúsculo

CRISTIAN REINO Barcelona

«President, posi les urnes». Una de las frases icónicas del 'procés', pronunciada en septiembre de 2014 por la entonces presidenta de la ANC, Carme Forcadell, regresó el viernes pasado a la última sesión del debate de política general en la Cámara catalana, en boca de la portavoz de los comunes, Susana Segovia. La ahora encarcelada expresidenta del Parlament acuñó la expresión para presionar a Artur Mas para que siguiera adelante con la consulta del 9-N. Segovia la trajo a colación para que Quim Torra convoque elecciones. El PSC, PP, la CUP y, sobre todo, ERC también reclaman un adelanto electoral. En cambio, JxCat, que tiene el botón rojo, lo rechaza de plano.

Torra estaba decidido en verano a convocarlas para octubre, pero Puigdemont le convenció para que no lo hiciera. JxCat sigue sin candidato, en las encuestas está por detrás de ERC y la reordenación del espacio de centro derecha no se ha completado. Consecuencia, Torra, tras asistir el jueves pasado a la vista oral en el Supremo por el recurso contra su condena por desobediencia, no convocará elecciones antes de su posible inhabilitación.

El presidente catalán y su antecesor apuestan por el bloqueo institucional. Dinamitan el diálogo con el Gobierno central, buscan el desgaste de sus socios (es el temor de ERC) y se la juegan al todo o nada en una nueva apuesta por el victimismo y la épica irredentista.

Pudiendo celebrar los comicios 54 días después de la condena (prevista para principios de octubre), el presidente de la Generalitat ha optado por mantener el empantanamiento en el que se ha instalado la política catalana durante toda la legislatura, en especial desde enero, cuando el propio jefe del Ejecutivo dio por acabado su mandato y anunció su intención de convocar los comicios.

Puigdemont y Torra han preferido dejar la legislatura en manos del Supremo. Un nuevo mártir y más épica en la ya cargada olla a a presión de la política catalana. El presidente aún podría convocarlas en el intervalo de tiempo que habrá entre que se conozca la sentencia y su ejecución efectiva.

Febrero o marzo

Pero si el dirigente nacionalista no mueve un dedo, empezará un largo periodo de inestabilidad, que podría prolongarse hasta febrero o marzo. El dilema es más o menos este: 54 días o 124. Tras el cese del president, asumiría el mando el republicano Pere Aragonès como presidente interino. Aunque no se descartan cambios en el Govern para evitar este extremo. Desde la oposición piden al jefe del Ejecutivo que no se atrinchere en el Palau porque de una tacada Cataluña podría pasar a tener tres presidentes a la vez y ninguno a todos los efectos: Aragonès, como interino, y Torra (que amenaza con una última desobediencia) y Puigdemont, como simbólicos.

A partir de ahí, se abriría un plazo de diez días para que el presidente de la Cámara catalana, el también republicano Roger Torrrent, busque un candidato a la investidura y dos meses para que consiguiera salir elegido. Pero Torra ya ha dado la orden a las fuerzas secesionistas para que no presenten a ningún aspirante alternativo por lo que el bloqueo puede durar aún más meses. Salvo que Torrent decida, amparado por un informe de los letrados, que se basa en un dictamen del Consejo de Estado tras el 'tamayazo', que puede activar la cuenta atrás aunque la ley no le atribuye esa competencia. JxCat le niega esa facultad. Ahí es donde entrará el pulso entre los dos socios entre acusaciones de bloqueo de una parte y de normalizar la represión por el otro.

Torrent podría hallar un aliado en la oposición, que sondea ya la presentación de un candidato a la investidura, aunque no tenga posibilidades de ganar, al menos para activar la cuenta atrás de los dos meses hasta que las elecciones quedaran automáticamente convocadas.

El independentismo lleva mucho tiempo dividido porque cada uno ha optado por una estrategia distinta. JxCat apuesta por la «confrontación inteligente» contra el Estado, mientras que ERC aboga por la «negociación inteligente». Coinciden en el objetivo, ejercer la autodeterminación, pero sus hojas de ruta ya hace tiempo que han divergido.

Los primeros no quieren ir aún a las urnas, mientras que los republicanos consideran que están preparados para el 'sorpasso'. Fuentes de JxCat y ERC admiten que están condenados a entenderse después de las elecciones. Pero el que gane es el que marcará la línea. Por eso, hasta entonces, la guerra será feroz.