El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, llega este jueves a la sede del Consejo de Estado para la toma de posesión de su nueva presidenta, Magdalena Valerio. / EP

Sánchez se resiste a entregar la cabeza de Marlaska y ordena al Gobierno cerrar filas

«No tenemos nada que ocultar», reta ante el asedio de sus socios y del PP al ministro, que descarta dimitir

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

Pedro Sánchez no tiene la más mínima intención de entregar al cabeza del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska por la gestión de la tragedia que tuvo lugar en la valla de Melilla el pasado 24 de junio y en la que fallecieron al menos 23 personas, según Marruecos (72, según las ONG). Lo dejó claro anoche después de toda una semana sometido al cerco no ya del PP, que ha llegado a exigir el cese del responsable de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sino de su propio socio de coalición que, junto a otros aliados del Gobierno, reclaman una comisión de investigación parlamentaria y más transparencia.

El presidente explicitó su mensaje de «solidaridad» y su elogio al «respeto escrupuloso a la legalidad» que ha demostrado, enfatizó, su ministro a lo largo de toda su trayectoria en una entrevista en La Sexta. El titular de Interior y el Gobierno, según se defendió, han ofrecido «toda la información disponible» -a diferencia, opuso, de lo que hizo el PP con la tragedia del Tarajal de 2014- y vino a retar al arco parlamentario, a izquierda y derecha: «No tenemos nada que ocultar». El jefe del Ejecutivo, que volvió a culpar a las mafias de las muertes en Melilla, está dispuesto así a aguantar la presión en la esperanza de que, como ya ocurrió en otras crisis en las que el bloque de investidura se puso a la cabeza de la manifestación, el temporal amaine.

En la mente de muchos socialistas está el 'caso Pegasus' sobre el espionaje del Estado a activistas, periodistas y políticos independentistas, con el que llegó a ponerse en la picota a la ministra de Defensa, Margarita Robles. Sánchez acabó sacrificando a la directora del CNI, pero logró que Esquerra o EH Bildu fueran dejando morir el asunto sin cobrarse piezas políticas.

A Marlaska le persiguen ahora el informe del Defensor del Pueblo que sostiene que el 24 de julio se deportó 'en caliente' de forma ilegal a 470 inmigrantes; la investigación de la Fiscalía, que como la institución dirigida por Ángel Gabilondo, ha reclamado más vídeos sobre la tragedia al considerar que no se les ha remitido todo el material audiovisual; y las informaciones periodísticas que concluyen, contra su insistente versión, que hubo muertos y heridos en territorio español, algo en lo que coinciden varios de los diputados de la comisión de Interior en el Congreso que el pasado lunes visitaron la zona fronteriza de Melilla.

En el Gobierno, sin embargo, insisten que tanto a la Fiscalía como al Defensor se les remitieron ya en septiembre todas las grabaciones disponibles y que los «pequeños lapsos temporales» en las imágenes se deben a que en algunos momentos, bien el dron bien el helicóptero tuvieron que parar para repostar o cargar baterías,según el caso, o por cuestiones de seguridad del espacio aéreo. Asegura, además, que esto último quedará claro con las declaraciones de los operadores y los libros de vuelo de los que la comandancia de la Guarcia Civil de Melilla envió este jueves un primer avance.

LA CLAVE:

  • Dejar pasar el tiempo. El Ejecutivo confía enque la tormenta acabe disipándose como ocurrió con el 'caso Pegasus'

  • Investigaciones pendientes. Los socialistas, molestos con sus aliados, piden esperar a la Fiscalía yal Defensor del Pueblo

  • Nuevo tono. La frialdad del presidente cuando en junio dijo que el asunto se había «resuelto bien» ha sido corregida

Fuentes gubernamentales y del PSOE sostienen que Marlaska se muestra en privado enormemente «tranquilo» y que, con la misma rotundidad que en público, se mantiene en que no hubo nada ilegal en el comportamiento de la Guardia Civil, sobre la que también se plantean dudas de si incumplió el deber de socorro. Sobre este asunto, fuentes del ministerio defienden que en el momento de la avalancha los agentes no podían ver lo que estaba ocurriendo en el patio en el que quedaron atrapados decenas de inmigrantes porque se habían replegado para poder repeler los ataques de los que eran objeto.

Temor al «circo»

La ministra de Hacienda y número dos del PSOE, María Jesús Montero - una de los varios miembros del Gobierno que este jueves comparecieron en distintos foros para cerrar filas con el ministro- reiteró que la intención del Gobierno es colaborar para que los hechos se esclarezcan. Pero de paso aprovechó para reclamar indirectamente a sus socios que desistan de investigar en el Congreso, al menos, hasta conocer las conclusiones de la justicia y el Defensor del Pueblo. «Tener una comisión parlamentaria en marcha es -admiten con inquietud en Moncloa- tener abierto un circo».

Vídeo. La portavoz del PP, Cuca Gamarra, exige el cese de Marlaska. / EP

Los socialistas están muy molestos con Unidas Podemos por cuestionar la actuación de un miembro del Gobierno al que pertenecen. Esta vez, además, no es solo el ala morada. La vicepresienta segunda, Yolanda Díaz, también insistió el miércoles en que lo ocurrido requiere una investigación «profunda» y redondeó la afirmación con un latigazo: «Con los derechos humanos no se juega». El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, le replicó este jueves contundente: «El Gobierno en su conjunto, también el ministro del Interior, están comprometidos con la defensa de los derechos humanos y de los valores democráticos».

En el Ejecutivo se quejan de una actitud desleal. «Ha habido una transparencia absoluta y los diputados han podido ver todos los vídeos», protestan. El propio interpelado, que compareció por sorpresa ante la prensa antes de asistir a la toma de posesión de Magdalena Valerio en el Consejo de Estado, insistió en la correcta a la actuación de la Guardia Civil frente a un «ataque muy violento» a las fronteras españolas y de la UE, recordó que también hubo 50 agentes españoles heridos y mostró su disposición a volver a comparecer en el Congreso. Pero dejó claro que no se plantea dimitir.

Lo que sí empiezan a reconocen implícitamente en el Gobierno es que, en general, ha faltado sensibilidad a la hora de referirse a un dramático episodio que Sánchez calificó en su día como «bien resuelto». Ahora, el tono procura ser otro. La ministra de Hacienda habló este jueves de «consternación» en el Ejecutivo, Marlaska se refirió a los hechos como una «tragedia humana» y Bolaños de «imágenes que, desde luego, encogen el corazón».