Pere Aragonès, Oriol Junqueras, Marta Vilalta, Carme Forcadell y Raul Romeva, durante la ofrenda floral.. /Efe

Pere Aragonès, Oriol Junqueras, Marta Vilalta, Carme Forcadell y Raul Romeva, durante la ofrenda floral.. / Efe

El soberanismo se divide más que nunca antes de la mesa de diálogo

La Diada con menor participación reúne a poco más 100.000 personas para exigir la independencia de Cataluña

CRISTIAN REINO Barcelona

La Diada empezó mal para los intereses de los independentistas, ya que Oriol Junqueras y Jordi Sànchez fueron recibidos este sábado al grito de «botiflers» y «traidores» en el Fossar de las Moreras, un enclave de culto para el soberanismo con un monumento que homenajea a los caídos de 1714. Y acabó aún peor con un discurso de la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, en el que cargó con todo contra la vía de diálogo del Govern y con protestas violentas ante la Jefatura de la Policía Nacional en Barcelona. Lo que el propio movimiento secesionista calificaba como 'revuelta de las sonrisas' hace tiempo que pasó a mejor vida.

La Diada de 2021 será recordada como la del desánimo, la discordia y la que consiguió sacar a menos gente a la calle desde 2012, año de inicio del 'procés' y cuando la ANC cogió el mando del soberanismo en lo que se refiere a las movilizaciones. El independentismo escenificó este sábado que está dividido, enfrentado y sin rumbo unitario. Tiene la mayoría social y parlamentaria. Pero a día de hoy no sabe qué hacer con ella, más allá de gobernar la autonomía e ir tirando sin una estrategia común para hacer la independencia, que los tres partidos con representación parlamentaria y que dan apoyo al Govern, Esquerra, Junts y la CUP, ponen como objetivo de manera retórica.

Decenas de miles de personas, unas 108.000 a juicio de la Guardia Urbana y unas 400.000 según las organizaciones convocantes, participaron en la manifestación organizada con motivo de la Diada de Cataluña. Se trata, según la ANC, entidad convocante junto a Òmnium Cultural, de la mayor protesta en la Unión Europea celebrada en tiempos de pandemia. Fue una protesta nutrida. Pero las cifras están muy lejos de los mejores registros del nacionalismo en la Diada. Hace dos años, en un contexto de normalidad, se manifestaron 600.000 personas. En 2018, salieron a la calle cerca de un millón de ciudadanos, siempre de acuerdo a los datos aportados por la Guardia Urbana de Barcelona.

Asistió buena parte del Govern, con Pere Aragonès a la cabeza, así como los principales dirigentes de los partidos independentistas. Por primera vez desde su encarcelamiento, asistieron también los nueve líderes del 1-O condenados por el Supremo e indultados por el Gobierno. Los políticos, eso sí, no ocuparon lugares destacados en la cabecera de la marcha, que llevaba una pancarta con el lema: «Luchemos y ganemos la independencia».

Vista general de la manifestación secesionista celebrada este sábado en Barcelona. / a. gea / reuters

Algunos de los excarcelados escucharon gritos de «botiflers» y «traidores». No debe de ser agradable estar casi cuatro años en prisión por desafiar al Estado y recibir una pitada y gritos de traidor nada más salir del penal. La marcha transcurrió sin incidentes, hasta que la cabecera se cruzó con una protesta de unos 50 independentistas ultrarradicales, convocados por un grupo llamado Donec Perficiam, una escisión de la ANC, que se hizo con la cabecera de la manifestación durante parte del recorrido, al grito de «traidores» para todos los demás.

División sobre la división

Las organizaciones convocantes hicieron un balance triunfalista, pues durante las últimas semanas temieron un pinchazo absoluto. Pero consideraron que habían salvado los muebles de la participación y hasta sacaron pecho. «Hemos llenado, que se jodan en España», dijo el presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia, obviando que hace tiempo que en el resto de España el resultado de la Diada ha dejado de tener la trascendencia política que tuvo durante los años del 'procés'.

Vídeo. Balance general de la manifestación. / e. p.

El discurso más esperado era el de la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, que representa las esencias del independentismo unilateralista, y, como era de esperar, arremetió contra el Govern. «Hace falta liderazgo institucional», afirmó. Al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, le pidió que deje mirar al Estado esperando «concesiones», porque estas no llegan nunca. Y Citando a su antecesora, Carme Forcadell, y su célebre «president, posi (ponga) las urnes», remató: «President, haga la independencia».

Sin encerrona para Aragonès

Pero la política catalana está en ahora en otro estadio. Aragonès temía una encerrona, pero salió con pocos rasguños del 11-S, aunque tiene que tener en cuenta que su vía dialogada tiene un fuerte rechazo en el secesionismo. La Diada ya no tiene la capacidad de alterar la agenda política, como la tenía durante los mandatos de Artur Mas y Carles Puigdemont.

Existe una división entre la calle y las instituciones, y a su vez también entre los propios partidos secesionistas. La línea divisoria está entre los que defienden la vía del diálogo con Madrid y apuestan por la mesa con el Gobierno y los que reclaman la vía unilateral, sin que se sepa ni concreten a día de hoy qué quiere decir. ERC y Junts discrepan también en relación al Congreso. Los republicanos defienden el apoyo al Gobierno y los junteros, no. Esta división marcó la manifestación y también todos los actos de la Diada.

Esquerra, como hizo Aragonès en su discurso institucional, había pedido a la ciudadanía que saliera a la calle para reforzar y fortalecer la posición de la Generalitat en el diálogo con Pedro Sánchez, mientras que Junts mantiene sus recelos con la mesa. Por su parte, la CUP presionó al presidente de la Generalitat para que convoque el Pacto Nacional para el Derecho de la Autodeterminación. Pero Aragonès se resiste, consciente de que a las puertas de la mesa de diálogo no existe consenso. El presidente de la Generalitat escuchó algún silbido en la ofrenda floral a Rafael Casanova. Igual que Oriol Junqueras.

Vídeo. Aragonès recibe algunos pitos al llegar a la manifestación. / e. p.