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«Independencia o nada», ultimátum de la ANC a Puigdemont y Junqueras en una Diada a la baja

La Asamblea les exige que solo negocien con Sánchez la secesión ante 115.000 personas, cifra inferior a la del año pasado con la investidura en el aire

Cristian Reino

Barcelona

Lunes, 11 de septiembre 2023

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«Independencia o elecciones». Máxima presión para ERC y Junts. El secesionismo más radical no dejó ayer nada de margen a los partidos secesionistas que negocian la investidura de Pedro Sánchez. La manifestación soberanista de la Diada del 11-S fue un clamor contra la vía de diálogo que están explorando republicanos y junteros con los socialistas.

La ley de amnistía marca la política española, provoca quebraderos de cabeza a los socialistas y el PP prepara una batalla en todos los frentes. En cambio, la eventual y excepcional medida de gracia apenas apareció en la manifestación. Nadie gritó consignas a favor de ella. El nacionalismo más extremo está en otro estadio. «Independencia o nada», «o independencia o bloqueo de cualquier pacto», sentenció la ANC. Más claro, agua. Para el secesionismo más inflexible no hay nada que negociar con Sánchez. Como decían Carles Puigdemont y Oriol Junqueras en los años álgidos del 'procés': lo único que hay que negociar son los activos y los pasivos de España que corresponderían al futuro Estado catalán.   

La ANC lanzó su ultimátum a ERC y Junts en una manifestación que reunió a decenas de miles de personas en las calles de Barcelona. La Guardia Urbana cifró la asistencia en 115.000 personas –el año pasado fueron 150.000– y 800.000 de acuerdo a los cálculos de los organizadores. La asistencia salva los muebles, pero va a la baja y está muy lejos de la de los años calientes del 'procés'. La manifesación de la Diada, organizada por la ANC, se ha convertido ya en un clásico y de alguna manera su celebración se ha institucionalizado.

El independentismo no pasa por su mejor momento. Por ejemplo, en las últimas elecciones catalanas, ERC y Junts solo obtuvieron 14 de los 48 diputados catalanes, a pesar de que la aritmética les ha concedido el papel de decisivos. Aun así, la ANC no renuncia a seguir ejerciendo de 'lobby' nacionalista. En el pasado exigió a los presidentes de la Generalitat que pusieran las urnas (y lo hicieron el 9-N y el 1-O). Ayer reclamó a ERC y Junts que cristalicen la independencia y, si no, que acepten ir a elecciones. El mensaje es el mismo del año pasado y provocó la salida de Junts del Govern. «Pedimos a los representantes políticos independentistas que sean coherentes. Si no se atreven o no saben cómo hacerlo, que den paso y convoquen elecciones», afirmó la presidenta de la ANC. Dolors Feliu aludía a la disolución del Govern, pero la amenaza, en este contexto, es extensible a las generales españolas.

Está por ver si los partidos acaban plegándose a la ANC, como hicieron durante el 'procés'. Pero igual que con las cifras de asistencia, ya no estamos en esa época. ERC hace tiempo que se 'independizó' de la ANC. La duda es si Puigdemont será capaz de romper amarras con todo este mundo, el del secesionismo radical, que lo ha alimentado durante años y que ahora le pide cuentas. Hasta el punto de que Feliu formalizó el anuncio de que la ANC quiere impulsar una lista cívica para las elecciones catalanas. Su discurso, de hecho, fue más bien el inicio de la campaña de este cuarto partido soberanista catalán.

Gritos contra Aragonès

Una formacion que se atreve a llamar a «autonomistas» a ERC y Junts y que pone en duda su compromiso con la secesión. Esta cuarta candidatura hará daño electoralmente a Junts. Por ello, Puigdemont tiene que decidir si rompe y se decide a fondo con una negociación con el Gobierno que no dará como resultado la celebración de un referéndum (al menos al corto plazo) o se mantiene instalado entre los inmovilistas nostálgicos del 1-O. Sánchez, mientras, lo tiene complicado, a pesar del optimismo que trata de transmitir el Gobierno: por la pugna entre ERC y Junts y por la presión sobre Puigdemont del separatismo nada dispuesto a aflojar.

Todos llaman a la unidad. Pero el secesionismo es todo menos un movimiento cohesionado. Se ha convertido en un reino de taifas, donde cada uno hace la guerra por su cuenta. No hay estrategia unitaria. Y esa división se escenificó este lunes en la calle. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, se marchó antes de que acabara la manifestación. En su entorno precisaron que ya tenían previsto no llegar hasta el final de la marcha evitando así escuchar los parlamentos. Pero también es verdad que se fue justo cuando fue insultado con gritos de 'botifler' –'traidor'– y de 'Govern dimisión'. Su equipo de seguridad evitó que se acercaran los que le increpaban. El Gobierno catalán y ERC no participaron el año pasado. este lunes regresaron a la gran cita del independentismo, tras los castigos en las urnas el 28-M y el 23-J. Esquerra ya ha asumido el coste de apostar por la vía pragmática. Y la calle fue más hostil con ella que con Junts.   

La Diada del 11-S deja la imagen de un independentismo dividido en todos sus frentes y, singularmente, entre Junts y ERC. El protagonismo creciente de Puigdemont en las conversaciones con los socialistas incomoda a Esquerra, que se ve arrastrada a posiciones maximalistas. Ambos no respetaron este lunes ni siquiera el armisticio del 11-S. La ANC y Òmnium Cultural tampoco disimularon sus diferencias. Òmnium, a diferencia de la Asamblea, sí apoya el proceso negociador de los partidos con el Gobierno.

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