Pere Aragonès. / Efe

Aragonès, un independentista pragmático

Junqueras quiso protegerle y le desligó del 1-O pensando en el futuro

CRISTIAN REINO Barcelona

Hay vivencias de la infancia que marcan la personalidad. Pere Aragonès (Pineda de Mar, Barcelona, 1982) recuerda que cuando de pequeño jugaba con sus amigos a fútbol, se ponía de árbitro. Ahora, años después, vuelve a enfundarse la camiseta negra y el silbato para encabezar la Generalitat de forma interina, sabiendo que JxCat y ERC se van a dar leña hasta el día de las elecciones. Aragonès se define como un «hombre de partido». Es de la nueva hornada de jóvenes dirigentes de Esquerra, que dio el salto procedente de la cantera de las juventudes de ERC. Más de cuarenta años después, Esquerra vuelve a liderar el Ejecutivo catalán, eso sí, de forma provisional e interina. Oriol Junqueras ha confiado en él para dar el sorpasso definitivo a sus adversarios postconvergentes en las próximas elecciones.

El dirigente republicano fue mano derecha del exvicepresidente durante la pasada legislatura. Sin embargo, a diferencia de sus otros dos más estrechos colaboradores, como Lluís Salvador o Josep Maria Jové, no fue imputado por el 1-O, cuya organización recaía en el equipo de Junqueras. El vicepresidente del Govern en sustitución de la presidencia de la Generalitat y conseller de Economía y Hacienda, según la denominación del cargo pactado entre JxCat y ERC, tiene una explicación a ello. «Yo no me impliqué en la organización», dijo meses atrás durante la presentación de su biografía, escrita por la periodista Magda Gregori. Junqueras decidió crear un cordón sanitario interno y le protegió de las consecuencias penales, con vistas a coger las riendas del partido (y ahora de la Generalitat) en el futuro. Tanto él como Elsa Artadi (JxCat) fueron de los pocos dirigentes secesionistas que se quedaron en la administración catalana tras la aplicación del 155.

El otro acontecimiento que le marcó, con 10 años, fue la llamada operación Garzón, en 1992, contra 45 presuntos miembros de Terra Lliure. A partir de ahí se hizo independentista. Defensor de posiciones «pragmáticas», asegura que ya era independentista cuando en Cataluña «solo lo éramos cuatro». «Seny, prudencia, orden y pragmatismo» son los rasgos que le definen. Pragmatismo quiere decir, a su juicio, que el independentismo es suficiente para ganar un referéndum, pero no lo es tanto como para forzar al Estado a que le permita celebrar uno. La cifra que sitúa en el horizonte es el 70-80% de apoyo. Por tanto, su apuesta independentista es a largo plazo.

Tiene experiencia en la negociación con diferentes gobiernos centrales. Acudía junto a Junqueras como secretario de Economía a las convocatorias de Cristóbal Montoro del consejo de política fiscal y financiera y mantiene una interlocución fluida con el presidente Pedro Sánchez y con la vicepresidenta Carmen Calvo. Cree en el diálogo con Madrid, pero «sin renuncias». Tiene por delante cuatro meses al frente del Govern. Y sobre sus espaldas puede recaer después las elecciones la responsabilidad de intentar enderezar la política catalana tras ocho años de 'procés'.

Le hubiera gustado ser 'pagés', pero acabó de abogado y máster en historia económica. Y hay dos fotos que le persiguen. Una, como dirigente de las juventudes de Esquerra, sosteniendo un cartel en el que defendía sin ambages el 'España nos roba', del que reniegan ahora los republicanos, pues lo consideran propio del nacionalismo excluyente. La otra foto que le recuerda el independentismo más radical para acusarle de haberse vendido a los poderes económicos es la que aparece saliendo de una iglesia, en una boda de una hija de un directivo financiero catalán, junto a Florentino Pérez, José Luis Rodríguez Zapatero o Artur Mas.