El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, interviene durante la sesión de control. / foto: Efe | vídeo: ep

Aragonès evita dar su apoyo a Borràs en el Parlament

La presidenta del Parlament desafía al Constitucional al anunciar que mantiene el voto delegado de Puig

CRISTIAN REINO Barcelona

La tensión va en aumento entre ERC y Junts por el caso Borràs. A cada intervención del presidente de la Generalitat, la bancada postconvergente y los consejeros de Junts han respondido este miércoles con silencio. Nadie ha aplaudido en las filas del partido de Puigdemont cuando ha hablado Pere Aragonès. El dirigente republicano ha evitado además el respaldo explícito a la presidenta de la Cámara catalana. En el primer pleno del Parlament desde que el TSJC dejó a Borràs a un paso de sentarla en el banquillo por cuatro delitos, Junts ha trasladado a su presidenta «todo el apoyo», según ha expresado el presidente del grupo nacionalista, Albert Batet. También lo hizo días atrás el portavoz de la formación.

En cambio, el presidente de la Generalitat, que ha tenido tres oportunidades, una a las preguntas de PP y Vox y una tercera, tras la alusión de Batet, ha eludido salir en defensa de la dirigente nacionalista. Aragonès ha esquivado también pronunciarse sobre si Borràs deberá dimitir si el TSJC abre juicio oral o si está a favor de cesarla, de acuerdo a lo que estipula el reglamento del Parlamento catalán, que establece que si a un diputado se le procesa por un delito de corrupción, como es este caso, se le suspenderán sus derechos parlamentarios.

Aragonès ha asegurado que si se le abre juicio oral, se tomarán las decisiones que sirvan para preservar el «servicio público» de la Cámara catalana. «Estoy convencido de que para garantizar el buen servicio de la institución, para la defensa de las instituciones y para el prestigio de las instituciones, en el momento oportuno en el que se tenga que tomar una decisión, cada uno de los que estamos aquí de forma individual y colectiva tomaremos las mejores decisiones que permitan preservar el servicio público que prestamos a los ciudadanos de Cataluña», ha asegurado en respuesta al PP en la sesión de control al Gobierno catalán en el pleno del Parlament. Como réplica a Vox, que ha exigido la dimisión de la presidenta, el jefe del Ejecutivo catalán ha señalado que trabaja por una sociedad justa, con ética, transparencia y responsabilidad.

Borràs advirtió ayer de que no tiene intención de dimitir, porque se considera «inocente», y no piensa «rendirse». Su entorno ha puesto en marcha una campaña de apoyo, con recogida de firmas a un manifiesto y el sábado, en el Ateneo de Barcelona, se ha organizado un acto en defensa de la presidenta de Junts, que amenaza con encastillarse y aferrarse al cargo con uñas y dientes. ERC y la CUP ya le han pedido que se aparte, pero ella ya ha avisado que no lo hará. Y avisa de que si la quieren apartar, deberá será a través de una votación en la Mesa del Parlament para que quede clara la posición de cada uno. En su entorno ya advierten de que si cesan a Borràs, se rompe el Govern.

Borràs tiene un segundo frente controvertido. La presidenta del Parlament ha desafiado este miércoles al Tribunal Constitucional y ha anunciado que mantiene la delegación del voto al diputado de Junts, Lluís Puig, huido en Waterloo junto a Puigdemont. El Constitucional, tras un recurso del PSC, anuló días atrás el voto delegado de Puig. La mayoría independentista de la Mesa (con los votos de ERC, Junts y la CUP) ignoró la decisión del Constitucional y si Borràs, en las votaciones del pleno de esta semana, permite el voto del dirigente nacionalista podría cometer un delito de desobediencia. Los propios servicios jurídicos de la Cámara han advertido a los miembros independentistas de la Mesa de posibles consecuencias penales por usurpación de funciones y desobediencia.