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«Mi hermano siempre estará conmigo»., afirma Marimar Blancp. Ignacio pérez
«Al año siguiente fuimos al lugar donde apareció Miguel y aún había flores. No hicimos más que llorar, llorar...»
Marimar Blanco Garrido / Hermana de Miguel Ángel

«Al año siguiente fuimos al lugar donde apareció Miguel y aún había flores. No hicimos más que llorar, llorar...»

25 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco ·

«Nunca olvidaré la imagen de las manos de 'Txapote', las que le sujetaron la nuca para asesinarle»

A. GONZÁLEZ EGAÑA

Domingo, 10 de julio 2022, 00:00

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Marimar Blanco comparte por primera vez su recuerdo del momento en que visitó con su madre el enclave de Lasarte-Oria donde fue hallado herido de muerte su hermano Miguel Ángel Blanco. «Fuimos porque mi madre quería ir. Saqué fuerzas y le acompañé. Una única vez. Fue un momento muy doloroso para nosotros. Todavía había flores...», relata. Cuando se cumplen 25 años del secuestro y asesinato a manos de ETA del concejal del PP de Ermua, su hermana evoca que a pesar del tiempo transcurrido «no hay un solo día que no piense en mi hermano y en el daño que me han hecho arrebatándome a una persona tan importante y tan necesaria en mi vida».

- ¿El regreso a Ermua en el 25 aniversario ha sido especialmente duro?

- Sí, porque siempre regresaba sabiendo que no estaba mi hermano, pero ahora lo he hecho sabiendo que no están ni él ni mis padres. Fallecieron en 2020 con quince días de diferencia, fue un golpe muy duro que me hizo aflorar los tres duelos, porque desgraciadamente el de mi hermano no lo pude pasar entonces. No me podía permitir ese lujo, tenía que sacar a mis padres adelante. En ese momento, no podía ser hermana de, ni hija de, sino madre de mis padres.

- Esas calles guardan demasiados recuerdos de su vida con Miguel Ángel y con sus padres, pero también de los más dolorosos que uno pueda imaginar.

- No fue el lugar donde perdí a mi hermano, pero fue donde dejé de tenerle por culpa de los terroristas sanguinarios de ETA. Pasear por esas calles es revivir momentos dolorosos, pero también de mucho cariño, de solidaridad, de muchísima comprensión y cercanía, que fue lo que viví en aquellas 48 horas del pueblo de Ermua. Jamás me cansaré de darles las gracias a todos y cada uno de los vecinos. Jamás olvidaré el homenaje constante que se hizo a mi hermano.

- Por muchos años que pasen, el dolor sigue ahí.

- Es para toda la vida. Cuando alguien que no me conoce y me pregunta si tengo hermanos, siempre digo que sí. Para mí, mi hermano siempre estará conmigo.

- ¿Cómo era Miguel Ángel? ¿Ejercía de hermano mayor?

- Era hermano mayor, protector, cercano, hermano de compras, de confesiones... Lo que no se podía decir a la ama se lo decía al hermano. Y era sobre todo maestro. Porque siempre me enseñó a no agachar la cabeza y a trabajar por la senda de los valores democráticos. Era un amante de la libertad, del respeto y de la convivencia.

- ¿Le llamaba de alguna manera especial?

- Cuando le tenía que decir a mi madre algo sobre mí, me llamaba 'la niña'. Era algo que no me gustaba nada... (ríe). Sí, sí. Siempre decía: 'Ama, la niña...'. Y a mí esa frase... 'Que no me llamo la niña', le decía yo. Me acuerdo que me decía: 'Tendrás no sé cuántos años y te seguiré llamando la niña».

- ¿Compartían aficiones?

- Le encantaba ir a la playa, al cine y era un amante de la lectura. Devoraba libros. Tengo todavía en Vitoria cajas y cajas de libros de mi hermano. Pero desde niño lo que más le gustaba era la batería. Cuando mis padres todavía no le habían podido comprar una se montaba su batería con sus cazuelas y sus cosas...

- La política también era su pasión, pero a su madre no le seducía tanto. De hecho, le llegó a decir «no te metas en eso de la política que te va a traer líos..».

- Llevábamos muchísimos años con atentados terroristas, con imposiciones, coacciones, amenazas... Y con ese sexto sentido que caracteriza a las madres, ella tenía miedo por su hijo. Pero mi hermano siempre le dijo: 'Pero ama, a mí, en Ermua, que no me conoce nadie... No soy nadie en política, ¿cómo van a venir a por mí?'.

Ignacio Pérez

- ¿Ha podido escuchar la intervención de Miguel Ángel en un pleno en 1996 en una grabación difundida recientemente?

- Empecé, pero no pude terminarla. Me cuesta todavía.

- ¿Recuerda su voz?

- Perfectamente. Pero más que la voz recuerdo su sonrisa. Tenía una risa preciosa. Recuerdo sus gestos, su cara cuando sonreía, su cara cuando se enfadaba... Es que le tengo tan presente.. Es que yo me acuerdo todos los días de mi hermano... No hay ni un solo día que no piense en mi hermano y que no piense en el daño que me han hecho arrebatándome a una persona tan importante y tan necesaria en mi vida. Es que no hay ni un solo día que pueda olvidarlo. ¿Cómo nos pueden pedir a las víctimas del terrorismo que pasemos página...?

- El día del secuestro, dos miembros de ETA se lo llevaron no se sabe a dónde. Todavía hoy es una de las incógnitas del caso.

- Se cree que fueron a Lasarte, que fue donde apareció herido de muerte. Y se piensa que fue allí porque había muchísimas medidas de seguridad y los movimientos que pretendían hacer no podían ser muy grandes. Pero jamás se supo el lugar en el que lo tuvieron. No lo quisieron decir.

Dolor

«Estoy convencida que en esas 48 horas le dijeron desde el primer minuto cuál iba a ser su trágico final para provocarle todavía mayor sufrimiento»

marimar blanco

- ¿Le remueve el deseo de preguntar algún día esos detalles a los asesinos de su hermano?

- No. No quiero saber nada de ellos. Solamente quiero que cumplan la condena hasta el último día que la ley lo permita. Ni un día más ni un día menos, pero lo que pido es que ningún día menos. No quiero saber nada porque sé que ni están arrepentidos ni tienen la más mínima intención de pedir perdón. Y sé que en esas 48 horas se lo hicieron pasar fatal, estoy convencida que en esas 48 horas le dijeron desde el primer minuto cuál iba a ser su trágico final para provocarle todavía mayor sufrimiento. Como el que le provocaron incluso después de darle los dos tiros en la nuca porque utilizaron unas balas con las que sabían que la agonía iba a ser mucho mayor, iban a provocar mayor sufrimiento.

- Acabarán saliendo a la calle.

- Desgraciadamente, sí.

- Y si se cruza un día con uno de ellos por la calle, ¿le diría algo?

- No. Y solamente pido que no me cruce nunca con ellos. No quiero saber nada, nada, nada porque nada les debo, todo lo contrario.

- Usted mantuvo en todo momento la esperanza de que su hermano regresaría a casa...

- Siempre. Recuerdo que regresé a casa de la manifestación multitudinaria de Bilbao y entré en el salón de mi casa y les dije a mis padres que lo habíamos conseguido y que esa tarde Miguel volvería a casa. Llegué plenamente convencida, le dije esa frase a mi madre no para tranquilizarle, sino porque realmente lo sentía. No creía que los terroristas le iban a dar la espalda al clamor social de todos los vascos exigiendo la liberación de mi hermano, porque ahí no había ideología política, éramos todos contra el terrorismo, todos contra ETA. Pensaba, ilusa de mí, que iban a escuchar la voz de tantos vascos...

ignacio pérez

- ¿Conserva las baquetas de la batería de su hermano que llevó el día del funeral?

- Fue con las que le enterramos. Se fueron con él.

- Miguel Ángel apareció en Lasarte-Oria, maniatado y con dos tiros en la cabeza. Dos vecinos que lo encontraron pensaron que estaba dormido. ¿Han visitado ese lugar alguna vez?

- Una única vez.

- ¿Cómo fue?

- Fuimos porque mi madre quería ir. Saqué fuerzas y le acompañé. Solo una vez. Fue al año siguiente y fue un momento muy doloroso para nosotros. Era un lugar de mucha vegetación, era el monte... Y había flores, recuerdo que a mi madre le llamó la atención que hubiera flores todavía.

- ¿Qué se dijeron madre e hija?

- Pues nada, llorar. ¿Qué vamos a hacer? Era todo muy reciente y encima estar allí en el lugar donde apareció herido de muerte. Solo podíamos llorar, llorar...

- ¿Su padre no fue?

- ¿Mi padre? ¡Uy! Durante diez años no podía ni mencionar el nombre de mi hermano, era imposible para él ver imágenes o alguna fotografía de Miguel... No podía contener las lágrimas.

- ¿Qué le parecen los encuentros restaurativos que se han producido entre algunos presos y víctimas de ETA?

- No lo comparto. Nunca lo haría porque no tengo nada que preguntar al asesino de mi hermano. Aunque 'Txapote', que no lo va a hacer, pidiera perdón, mostrara arrepentimiento y de repente descubriera la bondad... Es que a mí me ha destrozado mi vida y destrozó la vida de mis padres, es que no tengo que agradecer absolutamente nada, solo quiero que cumpla condena. Y si se arrepiente, lo hará porque es su deber. Pero yo jamás ni me iría a tomar un café con el asesino de mi hermano ni a mantener una conversación en la cárcel porque es que no me apetece, es que no quiero volver a cruzarme con él, no quiero saber nada de él.

- A 'Txapote' y a Gallastegi les vio durante el juicio en la Audiencia Nacional. ¿Recuerda ese primer momento ante sus ojos?

- No les quería mirar a la cara porque la actitud de ellos era de indiferencia y de orgullo de lo que habían hecho y del daño causado. Sobre todo donde miraba y no podía quitar la vista era a las manos de 'Txapote'. Nunca podré olvidar que esas manos fueron las últimas que tocaron a mi hermano, que le cogieron, le obligaron a agacharse, le pusieron de rodillas, le sujetaron la nuca con una de ellas para luego con la otra apretar el gatillo y acabar ejecutándole. Recuerdo perfectamente cómo gesticulaban esas manos que fueron las que acabaron con la vida de mi hermano.

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