El rey Felipe VI. / efe

La izquierda arrecia su ofensiva por la visita del exjefe del Estado

La Zarzuela mantiene la agenda del Rey y guarda silencio sobre el formato del encuentro de Juan Carlos I con su familia el próximo lunes

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

Ya no solo las fuerzas a la izquierda del PSOE, los socialistas se han sumado a las críticas a la visita del rey emérito a España. La más ácida fue la de la ex vicepresidenta Carmen Calvo, que escribió en su cuenta de Twitter: «Hoy suben las temperaturas en todo el país, gran bochorno en Sanxenxo».

Es llamativo que la que fuera número dos del Gobierno y quien negoció con la Casa del Rey la expatriación a Abu Dabi en agosto de 2020 utilizara el lenguaje más duro. Ningún socialista había empleado esos términos para referirse a la visita del rey emérito. El Gobierno y el PSOE se han limitado a mostrar respeto por la decisión de regresar a España y señalar que era un asunto que competía a la Casa del Rey. La única licencia ha sido reclamar explicaciones sobre sus negocios particulares y su fortuna oculta, aunque el portavoz de la dirección del PSOE, Felipe Sicilia, dio este viernes un paso más y puntualizó que debe «no solo una explicación, sino también una disculpa». Pero también hay quien pide mesura, como el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, porque Juan Carlos I «pudiendo merecer critica, lo que no merece es ensañamiento».

En la Moncloa se considera que el viaje con toda la parafernalia que le ha rodeado no beneficia a la institución monárquica. Yolanda Díaz, la vicepresidenta segunda y referente de Unidas Podemos en el Ejecutivo, apuntó este viernes que todo esto es un «calvario» y una «agonía» para la Corona.

Pablo Escobar

La brocha gorda la puso, como suele ser habitual, el portavoz de Esquerra, Gabriel Rufián, que equiparó la llegada del rey emérito con el narcotraficante colombiano «Pablo Escobar bajando de un jet privado» porque también «lleva 40 años practicando o haciendo malas praxis».

Su partido, además, llevará la visita al Parlamento. En el Congreso preguntará al Gobierno «si piensa acabar con los privilegios de la Casa Real», y en el Senado presentará una proposición de ley para modificar la ley que penaliza las injurias a la Corona y os ultrajes a España.

La Zarzuela, entretanto, también asiste en silencio a los avatares de la visita. Desde el comunicado que emitió el miércoles por la noche para informar del retorno del emérito, no ha hecho ningún comentario. Ni siquiera ha informado en la agenda semanal de la Casa del Rey del encuentro que mantendrá Felipe VI con su padre el lunes. Ese día aparece en blanco. No se sabe, por tanto, qué formato tendrá, si será un almuerzo, un saludo, quiénes acudirán, además del Rey y su madre la reina Sofía, ni siquiera si habrá una fotografía del momento.

La Casa Real quiere aparentar normalidad absoluta y ha mantenido la agenda que tenía Felipe VI. El jueves presidió una ceremonia de presentación de cartas credenciales de varios embajadores y este viernes acudió a la reunión del Consejo Científico del Real Instituto Elcano en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso en Segovia.