Don Juan Carlos posa con la tribulación del 'Bribón'. / efe

El emérito desbarata la visita «discreta» que Zarzuela y Moncloa buscaban en su regreso

Sanxenxo recibe entre aplausos y vítores a Juan Carlos I, visiblemente feliz y alejado de la tormenta política desatada

Xabier Garmendia
XABIER GARMENDIA Enviado especial a Sanxenxo

Si la Casa Real y el Gobierno confiaban en una visita «discreta» y sin alharacas para evitar una nueva polémica, el rey emérito se encargó este viernes de desbaratar todos sus planes. Indiferente ante la intensa tormenta política que ha desatado su vuelta a España y exultantemente feliz por volver a navegar con el 'Bribón' en aguas gallegas, Juan Carlos I escenificó en el Real Club Náutico de Sanxenxo un regreso sin complejos en el que fue recibido a la vieja usanza, entre largas ovaciones y gritos de «¡viva el Rey!», cuando aún no han dejado de resonar los ecos del archivo de las investigaciones sobre su fortuna.

Ni se escondió ni disimuló su satisfacción. Sabía que jugaba en casa, en una localidad pontevedresa que siempre se ha volcado con él, que acogió sus últimas horas en suelo español en 2020 antes de marcharse a Abu Dabi y que puso su nombre al puerto deportivo que este viernes le volvió a ver montado en un barco. Y, aunque entre el aplauso generalizado se pudieron advertir algunos gritos aislados como «sinvergüenza», «vividor» y «¡viva la República!», al anterior jefe del Estado no se le quitó la sonrisa de su cara en toda una jornada de regatas que recordó a tiempos pasados, cuando se desconocían las irregularidades fiscales que se acabarían constatando pese a su inviolabilidad y la prescripción de los hechos.

Tras aterrizar el jueves por la tarde en el aeropuerto de Vigo, pasó la noche en la casa de su amigo Pedro Campos y en compañía de la infanta Elena. Se trata de un chalé familiar de dos pisos ubicado en las inmediaciones de la playa de Nanín, a poco más de dos kilómetros del puerto de Sanxenxo, y que estos días permanece blindado entre estrictos controles de seguridad. Allí don Juan Carlos mantuvo en la mañana de este viernes un almuerzo con el alcalde sangenjino, Telmo Martín, quien se encargó de confirmar después la intención del exmonarca de volver en junio a la localidad para tratar de revalidar el Campeonato del Mundo de vela de la clase 6mR que ostenta desde 2019.

«Muy bien»

No fue hasta recién pasado el mediodía cuando comenzó el caluroso recibimiento público. Hacia las 12.30 horas y en medio de una importante expectación de periodistas y curiosos, el rey emérito llegó al Náutico sentado en el asiento de copiloto del coche de Campos. Se bajó del vehículo con evidentes dificultades y ayudado por su bastón, pero animado por los aplausos y gritos de cientos de personas congregadas frente a la entrada del club. Le esperaban en fila el alcalde de Sanxenxo, la junta directiva del Náutico y la tripulación del 'Bribón'. Especialmente emotivo fue el abrazo con uno de sus integrantes, Alberto Viejo, que estuvo a punto de fallecer en enero por un grave accidente mientras entrenaba en la ría de Vigo.

Durante los casi cinco minutos que permaneció en el exterior de las instalaciones, a Juan Carlos I no se le intuyó ninguna prisa por salir del campo de visión de las decenas de cámaras de televisión que había a su alrededor. Más que en la boda de la infanta Elena, según ella misma bromeó. Entre aplausos e insistentes vivas, el padre de Felipe VI agradeció el cariño, se llevó la mano al corazón e incluso se acercó a algunos de los vecinos para saludarles. Por momentos hasta pareció querer acercarse a la zona de los periodistas para conceder algunas declaraciones, pero finalmente no pasó de un lacónico «muy bien» para corroborar su estado de salud y de alguna que otra chanza sobre la meteorología gallega: «¡No llueve!».

LAS FRASES:

  • Apoyo. Centenares de personas le aclamaron entre aplausos y gritos de «¡viva el Rey!» durante cinco minutos a la entrada del Náutico

  • Protesta. Entre los congregados también se pudo escuchar algún «sinvergüenza» y un «¡viva la República!»

  • Reacción. El exjefe del Estado,que prevé volver en junio, agradeció el cariño yse acercó al públicopara saludar

  • Participación. Finalmente no compitió en la regata por el fuerte viento, pero no se descarta que se acabe sumando este sábado

Dentro del edificio, los socios del club le rindieron otra larga ovación a puerta cerrada. Media hora después abandonó el lugar doña Elena, visiblemente emocionada en todo momento. Afirmó estar «muy contenta» por el regreso de su padre y agradeció el interés de los medios. Y unos minutos más tarde salía también el propio rey emérito para montarse de nuevo en el coche y desplazarse hasta el pantalán. En un primer momento se montó en el 'Bribón', pero solo lo hizo para fotografiarse con los tripulantes en la cubierta, ya que después embarcó en la lancha de apoyo, 'Cristina', desde la que siguió todo el desarrollo de la competición, el Trofeo Interrías de la Copa de España.

El reto de competir

Durante los últimos días se había rumoreado con la posibilidad de que el exjefe del Estado, con 84 años y problemas de movilidad, participara activamente en la regata. Y es que él mismo había comunicado a su entorno las ganas de volver a competir pese a reconocerse «oxidado» tras tanto tiempo en el dique seco. Por lo pronto, la primera jornada −en la que el 'Bribón' se alzó con la victoria en las dos pruebas celebradas− la tuvo que seguir a distancia, aconsejado por sus compañeros para no arriesgar ante las fuertes rachas de viento que se registraron por la tarde. Sin embargo, no se descarta que se acabe incorporando a la competición entre este sábado y domingo si las condiciones meteorológicas son más suaves.

Terminado el primer día de regatas, volvió a pisar tierra pasadas las seis de la tarde, ya con una expectación mucho menor que a la mañana. Y aunque había sido invitado junto al resto de participantes a un tentempié en la sede del Náutico, el rey emérito prefirió regresar a la casa donde se aloja para poder descansar de cara al resto del fin de semana. Las pruebas se retomarán este sábado a las 13.00 horas y será entonces cuando se sepa si decide montarse en el 'Bribón' para regatear y contribuir a la probable consecución del título. En caso contrario, tendrá este domingo una nueva oportunidad y otra el 10 de junio, cuando se disputará la Copa del Mundo.

Este domingo por la tarde pondrá fin a sus apariciones públicas en Sanxenxo, aunque no abandonará el municipio gallego hasta el lunes por la mañana. Se desplazará entonces hasta el aeropuerto de Vigo para volar hacia Madrid y mantener una reunión con su hijo, el Rey Felipe, de la que hay por el momento más interrogantes que certezas. Zarzuela, en permanente interlocución con el Gobierno, había planificado un regreso del emérito con un perfil mucho más bajo del que ha adquirido la visita. Sin embargo, la buscada exposición pública por parte del propio protagonista ha acabado por dar al traste con los planes y por levantar aún más polvareda en el que se prevé que sea solo el primero de muchos otros viajes de don Juan Carlos a España.