Análisis

Esperanza Aguirre, una dimisión inevitable

24/04/2017

El Partido Popular asume que la dimisión de Esperanza Aguirre, que se ha materializado este lunes, era inevitable, porque le habría sido imposible continuar con normalidad en el cargo de portavoz municipal tras el ingreso de Ignacio González en prisión.

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No por esperada ha dejado de impactar esta comparecencia, sobre todo por el dramatismo en el que ha estado envuelta, tanto por las palabras de Aguirre como por lo que significa la marcha de esta histórica dirigente para el conjunto del partido.

Génova se ha esforzado por asegurar que nadie de la cúpula popular le había pedido a Aguirre su dimisión, y así lo señaló horas antes el vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado, en una rueda de prensa.

Sin embargo, ya desde hace días esperaban este desenlace, sobre todo tras conocerse la dureza del auto de Eloy Velasco en el que detalla todo tipo de irregularidades e imputa al expresidente madrileño de numerosos delitos empezando, nada más y nada menos, por el de organización criminal.

Ante un historial así -aunque por ahora sea un supuesto historial-, nadie en el PP pensaba que la persona que impulsó la carrera política de González, la que le tuvo tantos años de mano derecha, la que le dejó como sucesor en el gobierno autonómico, pudiese quedarse en su puesto sin asumir responsabilidad política alguna.

Este lunes por la tarde, Esperanza Aguirre la ha asumido, al menos en lo que a Ignacio González se refiere. Debió de vigilarlo más, ha dicho.

Pero lo que más ha sorprendido en Génova ha sido la crudeza con la que Aguirre ha hablado del que fue su hombre de confianza durante tanto tiempo.

Como apunta a Efe un dirigente, podría haberse limitado con un "me ha decepcionado", y sin embargo la dirigente madrileña ha preferido palabras más gruesas como "traicionada" o "engañada".

Expresiones que dejan entrever otro mensaje que quiere dejar Aguirre, el de que ella no sabía nada de lo que estaba pasando, como señala otro dirigente del partido.

A nadie se le escapa que la relación de Esperanza Aguirre con la dirección nacional del PP nunca fue idílica y la tensión con la cúpula y con el presidente del Gobierno y del partido, Mariano Rajoy, ha estado siempre ahí.

Prueba de ello ha sido la forma en que Aguirre le ha comunicado al líder del partido su decisión de dimitir: en un SMS. Y para comunicárselo al resto de la dirección nacional, un miembro del equipo de la ya exconcejala ha llamado al coordinador general, Fernando Martínez-Maíllo.

Y aunque muchos dirigentes consultados admitían que la situación de Aguirre era insostenible y no le auguraban más futuro que su retirada, reconocen hoy también que la marcha tan abrupta de un dirigente histórico nunca es buena para ningún partido.

Ahora toca mirar al futuro y seguir recomponiendo el partido en Madrid, que ya se había renovado, con Cristina Cifuentes a la cabeza, en el congreso celebrado hace tan solo unas semanas.

Cifuentes tiene ahora la responsabilidad de buscar entre los concejales un portavoz de confianza que pueda llevar al grupo municipal, pero que como recuerdan en Génova, no tiene por qué ser el futuro candidato a la Alcaldía de la capital.

Para esa carrera habrá que buscar, subraya un dirigente del partido, un peso pesado, y como siempre, importará mucho lo que diga la dirección nacional.

Quedan dos largos años para ir haciendo quinielas. Hasta entonces, en Génova esperan que las cosas se vayan calmando en Madrid, el partido pueda recuperarse en la capital y vaya dejando atrás esta nueva pesadilla relacionada con la corrupción, que esperan sea la última.