El hueco de Mariano

20/06/2018

La última vez que Pedro Sánchez estuvo en el Congreso tenía enfrente a Mariano Rajoy; cuando este miércoles ha vuelto al hemiciclo, ya como presidente, se ha sentado una fila más abajo, por vez primera en el banco azul, y ante él sólo tenía un espacio vacío, el hueco del hasta hace poco líder del PP.

Primera sesión de control en la Cámara Baja para Sánchez como jefe del Ejecutivo y muchas novedades en el pleno, no sólo por el vértigo que parece experimentar la bancada del PP en su inédita busca de presidente mediante primarias, sino por la presencia de un Gobierno mayoritariamente femenino dispuesto a aguantar dos años.

Como ayer en el Senado, 14 ministros han acompañado a Sánchez en su estreno en la Cámara Baja, distribuidos por el semicírculo de sillones azules reservados al Gobierno, con el titular de Ciencia, Innovación y Universidades, el astronauta Pedro Duque, en último puesto, justo al lado del lugar que fue de Rajoy durante siete años.

Un ministro novato que ha tenido que preguntar a un ujier cuál era su escaño antes de que comenzara el pleno de control, mientras sus compañeros iban sentándose en sus sitios sin dejar de saludar a unos y otros, diputados propios o ajenos, portavoces de aquí y allá, con sonrisas y nervios más o menos disimulados.

Ha entrado Pedro Sánchez en el hemiciclo, solo, y nadie le ha aplaudido.

El hueco de Mariano

No parecía nervioso el nuevo presidente, que ha acometido la tarea de responder a tres preguntas, tres, únicamente armado con su teléfono móvil a modo de libreta de notas. Otra novedad.

A falta de nuevo líder que reemplace a Rajoy, ha sido el portavoz del PP, Rafael Hernando, quien le ha preguntado, no sin antes darle la bienvenida a él y a su «Gobierno provisional».

Sin más concesiones, porque enseguida ha pisado a fondo al exigirle que aclare cuál es el precio del apoyo de populistas, independentistas y «amigos de la vieja ETA».

Lealtad de la oposición

Una pregunta similar a la que el martes le hizo el portavoz del PP en el Senado, José Manuel Barreiro, y que ha recibido igual respuesta de Sánchez, quien ha reclamado «lealtad» a la oposición.

Los socialistas han aplaudido a su jefe y presidente de todos los españoles mientras los del PP, mayoritarias en número sus palmas, se han tenido que conformar con ovacionar a su portavoz parlamentario.

Tras él se ha sentado hoy una de las dos candidatas a la sucesión, Soraya Sáenz de Santamaría, que ha llegado tarde al pleno y luego ha aprovechado el ambientazo periodístico del patio para hablar a las televisiones.

A su derecha, el candidato más joven, Pablo Casado, con quien ha cruzado palabras e incluso ha compartido risas; también estaba hoy en el Congreso un tercer aspirante, el diputado José Ramón García Hernández.

Cospedal, ausente

Han faltado sin embargo María Dolores de Cospedal, que ha preferido dedicar la mañana a las entrevistas televisivas, y el también exministro José Manuel García Margallo, que hoy presentará sus avales en la sede del PP de la calle Génova.

Este era el panorama que contemplaban desde el otro lado los diputados socialistas mientras Sánchez contestaba a Hernando, a Joan Baldoví, de Compromís, y al líder de Podemos, Pablo Iglesias, cuya bienvenida el nuevo presidente ha incluido su gozo confesado por ver a Rafael Hernando ejerciendo de opositor.

El hueco de Mariano

Luego, Pedro Sánchez ha escuchado desde su escaño las preguntas a la vicepresidenta Carmen Calvo, a la titular de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y a la de Justicia, Dolores Delgado, y después se ha marchado, solo igual que entró.

Al otro lado del semicírculo azul seguía intacto el sitio de Rajoy en una sesión salpicada de novedades, como los aplausos que Unidos Podemos ha dedicado a Carmen Calvo cuando ha re/msr chazado ante Ciudadanos la gestación subrogada.

O el Ipad que la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha devuelto esta misma mañana al Congreso, una vez que ha renunciado a su escaño de diputada.

Qué lejos queda Santa Pola.

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