Quema de contenedores y motos de alquiler en las calles de Barcelona. / AFP

Cuarta noche de quema de mobiliario en Barcelona y ataques a varias comisarías

Los sindicatos de Mossos, en pie de guerra contra el Govern, amenazan con hacer «ingobernable» el cuerpo en plena ola de protestas tras el encarcelamiento del rapero

CRISTIAN REINO

Ayer se vivió la cuarta noche de protestas violentas por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasel, condenado a nueve meses de prisión. Esta vez se concentraron en Cataluña, en especial en Barcelona, aunque su intensidad fue claramente menor a la de jornadas anteriores.

La tarde comenzó pacífica en la ciudad condal, aunque con cierta tensión en una concentración que reunió a cerca de 1.700 personas y fue respaldada por varios sindicatos estudiantiles. Pero pronto los integrantes más violentos de la protesta se adueñaron de la situación, sin que el resto hiciera nada por evitarlo.

Ya como turba recorrieron calles del centro de Barcelona, y en su trayecto no dudaron en cometer diferentes excesos violentos. Desde quemar varios contenedores hasta destrozar diferente mobiliario inmobiliario y arremeter contra tres oficinas bancarias, cuyos cristales quedaron rotos. También volvieron a saquear comercios, como un Decathlon. En Tarragona y Girona hubo otros disturbios, aunque menores.

La sede de la Jefatura Superior de Policía Nacional en Barcelona y una comisaría de la Guardia Urbana sufrieron las iras de los radicales, que les arrojaron piedras, botellas y otros objetos causando diferentes daños materiales. Algo similar se vivió en la comisaría de los Mossos d'Esquadra en Vilafranca del Penedès, aunque allí llegaron a utilizar artefactos pirotécnicos contra los agentes que la custodiaban.

Cerca de las diez y media de la noche la calma volvía a las calles, ya con el toque de queda en vigor. El saldo provisional era entonces de tres detenidos (dos en Girona y uno en Barcelona) por atentado contra la autoridad.

Críticas de los Mossos

Por la mañana, el mayor de la Policía autonómica, Josep Lluís Trapero, convocaba de urgencia a sus mandos para cerrar filas y tratar de blindar al cuerpo de la batalla política. Entre los Mossos, según los sindicatos, crece el hartazgo y la sensación de desamparo.

Se sienten «huérfanos» después de que ningún miembro del Govern haya condenado con contundencia los disturbios violentos de estos días. La Asociación Profesional de Mossos llegó a afirmar que «hieren más los silencios de los políticos que las piedras».